
EL CAÑÓN DE DOCE LIBRAS Cap.V
La segunda guardia sería el momento idóneo, apenas cinco hombres permanecían despiertos y sería relativamente fácil.
Esa noche refrescó, todos prefirieron dormir en el sollado, extremo que facilitaba los planes pues el calor hacía los sueños agitados y ligeros.
Coy subió a la toldilla y mientras orinaba sin ganas por la borda, observaba nervioso a los somnolientos centinelas; bostezó teatralmente y se encaminó al castillo de proa, bajo el cual estaba el camarote que hacía las veces de calabozo. Surgiendo de las sombras se le unieron sigilosamente Hanson y dos más, armados hasta los dientes, Nails el carpintero y Pierre, un mulato de Guayana. En la puerta de los Prisioneros hacía días que no se montaba guardia, el mar en sí ya era una balsa de alquitrán en la que, si no sabes pisar, quedas atrapado irremisiblemente, como solía decir el capitán Collins.
El grumete destrabó la puerta, dentro ya les esperaba don Luis; los otros rehenes se despertaron, no salían de su asombro al ver como los piratas devolvían la daga curva y la espada toledana al hidalgo; el mulato y "Dumb" no se lo pensaron, se abalanzaron sobre los camastros y degollaron al matrimonio y a su hija mientras les tapaban la boca, don Luis Valdés aún no había terminado de ajustarse el ancho cinturón con sus armas cuando intentó desenvainar, pero desistió al notar el cañón de un mosquete en su nuca.
-¿Que bando eliges español?- interrogó Nails.
-¡Por Jesucristo nuestro señor!…¡Nunca he presenciado asesinato tan vil!. Coy intentó quitar dramatismo a la escena.
-Por ellos ya se ha pagado rescate, no creo que estuvieran de acuerdo con un cambio de capitán, en cuanto saliéramos del camarote nos delatarían… Ellos o nosotros.
- Que Dios se apiade de sus almas… ¿Hay alguna otra parte del plan que yo desconozca?.
-Nunca dijimos que no moriría nadie, esto no ha hecho más que empezar.
-¡Pues adelante, porque si disparas eso despertarías a todos, usa el cuchillo!¿O no eres tan diestro como tus compañeros? – concluyó don Luis apartando de su camino el arma que apuntaba a su cabeza.
En total contaban con setenta y siete hombres de su parte, el resto, ciento veintitrés, tendrían que ser sometidos o eliminados, las fuerzas eran desiguales pero contaban con el elemento sorpresa.
De los cinco centinelas dos se unieron al motín y los otros servían ya de aperitivo a los tiburones. Urgía hacerse con las llaves de la Santa Bárbara, y estas colgaban de la cintura de "Sir Hook"; don Luis entró como un huracán en su camarote, el segundo de Collins estaba durmiendo la borrachera con su único brazo entero sobre el cuerpo desnudo de la doncella española; se volvió taciturnamente y abrió unos ojos como platos al ver el acero del hidalgo en su mentón, Pierre se lanzó sobre él hundiendo el sable en su pecho haciéndolo girar para acelerar su efecto.
-¡¡Esto por mis amigos del "Horizon" perro!!.
Don Luis intuyendo la suerte de la muchacha, le tapo la boca y le susurró al oído su inmediato futuro, ella asintió con sus aterrados ojos.
- Estoy con vosotros… quiero salir de aquí.
Se repartieron los mosquetes y las pistolas dejando seis hombres a cargo del polvorín con órdenes de disparar a todo el que quisiera entrar por la fuerza. El resto se apostó en el castillo y por toda la cubierta, tras lo cual Coy tocó la campana de zafarrancho, al punto fueron saliendo de los sollados el resto de los hombres que, a pesar de la penumbra del amanecer, entendieron pronto su situación y fueron levantando las manos para evitar males mayores.
-¡¡Nos hemos hecho con el "Valiant"!!, ¡¡los que no se quieran quedar que arríen los botes y se vayan!!- gritó Pierre desde proa.
De pronto se oyó una detonación y el mulato se derrumbó con un orificio entre los ojos. Todos se giraron hacia el castillo de popa, allí estaba el capitán Collins con una pistola humeante en una mano y su sable repujado en la otra. Todos quedaron desconcertados ante tan contundente aparición, este aprovechó la confusión para hablar amenazadoramente remarcando bien cada palabra:
-¿Que está pasando en mi barco?…¿Quién es el responsable de esto?.El silencio y la tensión se podían cortar. Según la ley del mar, para hacerse con el mando de un barco había que batir primero a su antiguo capitán, y desde luego nadie quería ponerse delante del sable del
irlandés.
-¡¡Ya no es vuestro barco!!.
Los marineros abrieron un pasillo entre murmullos y al final de este se hallaba don Luis Valdés, desafiante, apoyada su mano sobre su espada toledana y la otra asiendo su ancho cinturón.
Collins no respondió, se limitó a quitarse la casaca con cuidado y bajar las escaleras hacia la cubierta probando la flexibilidad de su hoja mientras esbozaba una sonrisa cínica. El español fue a su encuentro haciendo silbar su hoja al cortar el aire con rapidísimos movimientos; ambos se detuvieron a un par de metros manteniéndose en guardia y girando en círculo mirándose a los ojos.
Como era de esperar ante el carácter de los contendientes, el primero en atacar fue el español con una estocada hacia el costado del capitán, este la eludió sin inmutarse desplazando el golpe con su sable, don Luis continuó con una andanada de mandobles que hicieron saltar chispas de los aceros, Collins no solo se defendía, de vez cuando contraatacaba, su esgrima no era tan técnica pero si contundente, un par de veces hizo saltar astillas del mástil y cortó una soga con sendos golpes esquivados por el escurridizo español; tras un buen rato de estocadas, paradas y replicas se detuvieron un momento jadeantes, el irlandés extrajo de su bota un ancho cuchillo, don Luis hizo lo propio con su daga curva, nadie se movía en el "Valiant" para no perder un solo detalle del incierto duelo. El capitán se hallaba ya visiblemente contrariado por la excesiva duración del combate, no estaba acostumbrado a que le persistiera tanto un adversario y, sobre todo, por los jirones que arruinaban su camisa de seda. Enfurecido, inició un ataque con una terrible sucesión de mandobles que el español fue esquivando a trompicones hasta la última estocada, en la que, con dos cortos y rápidos giros de su espada desarmó a su adversario lanzando su acero por el aire, Collins reaccionó separándose un
par de metros para lanzar su cuchillo y conseguir sujetar a don Luis por la manga de su ancho blusón contra el palo de mesana, tras lo cual extrajo de su cinto una pequeña pistola y encañonar al hidalgo. Un estampido lejano seguido de un sobrecogedor silbido que se oía cada vez más cerca hizo volverse al irlandés, no pudo ni pestañear, un proyectil de cañón separado en dos mitades unidas por una cadena le seccionó la cabeza, a media milla un primera clase de la marina española, el “Santa Beatriz”, surgía de la bruma matinal iniciando un precipitado ataque con balas diseñadas para romper el trapo y los cordajes, pero en este caso sirvieron para salvar el pellejo a un compatriota.
-¡¡¡Levad anclas, vayámonos de aquí antes de que esos cerdos recarguen!!!.- gritó a pleno pulmón el piloto Ben Brooke.
Todos se dispersaron, unos treparon por la arboladura, otros hicieron girar la polea del ancla y los artilleros se aprestaron en sus piezas. Era evidente que el “ Valiant” tenía una gran tripulación, cada uno sabía exactamente cuál era su cometido a bordo y lo cumplía como si la vida le fuera en ello… lo cual era así.
El navío adquirió velocidad rápidamente, mientras el “Santa Beatriz”, muchísimo más pesado con sus cuatro palos y el doble de cañones, solo
podía contar con el factor sorpresa y este se había diluido al iniciar el ataque a tanta distancia.
En cuanto se vieron fuera de peligro, todos instintivamente clavaron la vista en don Luis. Este comprendió rápidamente la situación, con dos ágiles saltos descendió desde el castillo hasta los despojos de Collins, los arrojó por la borda, se giro hacia Hanson y gritó a pleno pulmón:
-¡¡¡Brooke, tú iras con Coy, Nails y tres hombres más al camarote de Collins y sube todo lo que encuentres de valor, y tú “Dumb”… llévanos hasta ese maldito cañón!!!.
Eran sus primeras órdenes como capitán del “Valiant” pero nadie replicó ni hizo falta repetirlas.
La pequeña fortuna que el irlandés atesoraba fue repartida por igual entre los perplejos y entusiasmados tripulantes, el resto estaba a buen recaudo en bancos de Londres.
Esa noche reunió a todos otra vez en cubierta, y tras abrir un barril de ron se dirigió a la tripulación:
-Sentémonos y negociemos como hacemos en mi país…bebiendo,- tras acallar las aclamaciones continuó- ¡no os equivoquéis, no estamos en buena situación!, yo no soy marino, pero vosotros si lo sois… y buenos, os diré lo que haremos : el barco lo gobernarán “Dumb” y Brooke, evitaremos enfrentamientos con otros barcos pues carezco de experiencia en esto, buscaremos la estatua de oro y, tras encontrarla, iremos a Tortuga donde seguro que sacaremos un buen precio por el “Valiant”. Todos recibiremos una parte de lo recaudado menos Coy que será el doble por ser el que nos ha metido en esto.
Contrariamente a lo esperado un murmullo de decepción recorrió la cubierta.
-¡Este barco es nuestra vida!- gritó alguien.
Fernando Cerezales Fernández
