SIMONETTA STEFANELLI

toni- cabalgamos

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No sé si alguno de mis lectores  -si es que hay lectores que lean estas deslavazadas memorias con el ambiguo título de MEMORIA DE TORAL y que pretenden, sin conseguirlo, ser mis propias memorias-  no sé, iba diciendo, si alguno de mis lectores recordará o les dirá algo el nombre de Simonetta Stefanelli.

Pues Simonetta Stefanelli es la actriz que interpretó el papel de Apolonia Vitelli en la película EL PADRINO (Iª parte) y era la siciliana de la que se enamoraba Al Pacino y con la que se casaba y que, finalmente, en una trágica escena, muere en la explosión de un coche.

¿La recuerdan?. Pues, si no la recuerdan yo les diría que volviesen a ver la trilogía de EL PADRINO de Francis Ford Coppola, que es una de las películas  -la primera y la segunda parte, sobre todo-   más importantes de la Historia del Cine. No perderán nada revisándola.

Simonettta Stefanelli, en 1974, rodó en Villafranca del Bierzo  -y, más concretamente cerca del castaño de Paradiña-  una película menor, EL MEJOR ALCALDE, EL REY, a las órdenes de Rafael Gil, un director importante en la historia de nuestro cine.

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Yo intenté entrevistar a Simonetta y, a bordo de mi “850” , por Valtuille de Arriba, fui un tarde, con  mi cámara de fotos y mi grabadora para hablar con ella y lo que presumía que iba a ser una gran entrevista  -entonces se le llamaba interviú-   se quedó  en nada.

Esperaba que PROA, el Diario del Movimiento, en el que colaboraba, publicase aquella entrevista, a cuatro columnas cuando menos, y con una foto en portada, pero había, seguramente, aquel día,  noticias más importantes y el Redactor Jefe del periódico  dejó todo en unas escasas líneas, sin darse cuenta de que este escribidor quería tener, en el periódico, su medio minuto de gloria, cuando menos, por ser el corresponsal en Villfranca del Bierzo.

Fue un paso en falso en mi andadura periodística o un golpe bajo que acusé, aunque, en realidad la entrevista tampoco dio mucho más de sí porque, a pesar de que este escribidor había estudiado italiano en Arévalo con los salesianos y repasado, dos o tres días antes, I PROMESSI SPOSSI un libro que aún anda por mi biblioteca y  la Gramática Italiana con vocabulario y frases,  que había tomado prestada   -es un decir-  en casa de doña Pura, la boticaria cuando la Virgen de la Encina visitó Toral en 1958, a pesar de todo ello, yo apenas  sabía balbucir unas frases inconexas en el idioma de Dante, y con aquel pequeño bagaje linguistico me aventuré a entrevistar a Simonetta Stefanelli que, eso sí, de muy buen grado se prestó a hablar conmigo.

Confieso mi nerviosismo. Simonetta era una jovencita agradable  -poco más de veinte años tendría por aquel entonces-  y guapa o, al menos me pareció guapa  con la belleza que suelen tener las jóvenes italianas. Eso sí, me pareció agradable, pero un tanto seca.

Ella estaba observando, sin intervenir, el rodaje de la película en la que participaban entre otros Fernando Sánchez Pollack, hermano de “Tip” y Fernando Sancho, un actor al que veíamos con frecuencia en filmes del oeste, interpretando a bandidos mexicanos.

La actriz fue receptiva a la entrevista. Yo puse en marcha la grabadora  -la misma que se ve en mis manos, en la foto,-   y aunque llevaba preparada una introducción, no supe decir nada, tal vez porque era la primera entrevista que pretendía realizar, así, que hice en mi parco italiano una de las preguntas que había reparado.

-Lei, dove é  nasciuta, Simonetta?…

O sea, le preguntaba en donde había nacido.

Se levantó del asiento que ocupaba y me miró de hito en hito.

-Bruto   -dijo-  Non é nasciuta. Non se dice cosí… Nasciuta?. Nasciuta una bestia… Si dice nata… Io non sono una bestia.

Y me dejó  -nos dejó porque había acudido con unos amigos de Villafranca que me acompañaban-   de una pieza.

Yo, involuntariamente, había dicho “nasciuta” para preguntarle en donde había nacido, sin darme cuenta que en italiano  -no lo sabía-  el participio “nasciuto/a” se emplea para  nombrar a los animales y “nata” es el participio usado para las personas.

Volvimos a Villafanca, en silencio, rumiando,  aquel primer fracaso.

Afortunadamente,  en Lugo, más en serio, hice para la radio y para EL PROGRESO, otras entrevistas que, sí, me dejaron un buen sabor de bocas pero eso sucedió muchos años después.

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