El Puente de Valiña según Chelo Voces

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Texto copiado de : que bien poco se asemeja al publicado en este blog en el post:  El puente de Valiña cumple 40 años

 

Valiña, el pueblo atrapado entre dos aguas

Siguiendo el serpenteo del Sil a su paso por el municipio de Toral de los Vados, el puente de Valiña, con sus 110 metros de longitud, destaca como el más largo de los que actualmente aún desafían a la gravedad y conecta la localidad de Requejo con el pueblo de Valiña, atrapado entre los cursos del propio Sil y del arroyo de Firulledo. Chelo Voces era sólo una niña cuando el puente se alzó, a principios de la década de los 70, y su familia era una de las siete que por aquel entonces habitaba la localidad.

"En el pueblo había un pedregal muy grande y entonces la arena para las obras se sacaba de los ríos, así que vino un señor llamado Alberto Calleja a explotar la arena y llevársela en camiones", recuerda Chelo. "Por lo que le se iba a llevar por la arena del pedregal, el pueblo le pidió que pusiera el puente así que buscó un ingeniero de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), llamado Emilio Taboada, que fue quien diseñó la pasarela y dirigió la obra", explica la vecina de Valiña.

El Concejo, que era la forma de organización del gobierno local en la época, puso la madera para las tablas y "todos los vecinos ayudaron en lo que pudieron". "Cuando mi padre no podía ir, recuerdo ir yo a recoger agua para hacer cemento", explica Chelo, que reconoce que el encofrado de la estructura así como la colocación de las pilastras y las vigas de hierro que la soportan la realizaron albañiles profesionales contratados por el constructor. "Los cables tensores también provenían de la MSP, gracias a la mediación del ingeniero que dirigía la obra", recuerda Chelo.

Tras los trabajos de construcción y pocos días antes de inaugurar la nueva pasarela, un temporal provocó que reventaran los tensores que sujetan el suelo del puente al cable de la estructura. "Los tensores de los lados aún no se habían colocado porque no había dado tiempo", explica Chelo, que recuerda que la riada no fue capaz de llevarse el puente pese al destrozo que ocasionó. Para evitar que algo así volviera a ocurrir y que los peatones fueran zarandeados por el viento a su paso por el puente, el ayuntamiento de Corullón, al que por entonces pertenecía la localidad de Valiña, colocó unos tensores laterales anclados a la ribera del río. Con estos cables adicionales, denominados vientos, se evita que la estructura pueda darse la vuelta.

La memoria de Chelo alberga el recuerdo de otro puente colgante en Toral de los Vados, que cruzaba el curso del río Burbia, en lugar del Sil. "Antes de que se construyera el puente de piedra por el que pasa la carretera, existía uno que era propiedad de la cementera, que se usaba para explotar la cantera", explica la vecina de Valiña, La cementera de la que habla es la fábrica de Cosmos en la que trabajó Luciano y que cedió los cables para construir el puente de Villadepalos.

Chelo echa la vista atrás para recordar que los vecinos de Valiña también cruzaban el río en botes antes de la construcción del puente colgante. "Cambió el pueblo bastante porque antes había que estar pendiente. Si iba alguien, llamaba y si le oían, bien, y si no, pues allí se hartaba de esperar. Cuando sabías que venía algún familiar, ya estabas pendiente", explica la vecina de la localidad, que recuerda como en aquellos años "cada vecino tenía una barca". "Desde nuestra casa se oía muy bien todo porque la cocina daba hacia el río y la gente subía a la peña que hay frente a las casas a gritar. Cuando les oíamos avisábamos a los vecinos para decirles que estaba aquí su padre o su hermano", rememora.

La construcción del puente acabó con ese trajín de pequeños navegantes que cruzaban el río. "Con la barca había que tener mucho cuidado cuando había mucha corriente o venían riadas muy grandes porque podía dar la vuelta, así que a los pequeños no nos dejaban cruzar", explica la vecina de Valiña. "Con el puente fue otra cosa porque ya se podía pasar sin necesidad de estar a la espera, fue una cosa muy buena en aquellos años y era lo máximo que había", añade.

Las tablas originales de la pasarela, elaboradas con madera de negrillo de la zona, fueron rompiéndose y el Concejo fue el encargado de ir reparando poco a poco la estructura. "Mucha gente joven no sabe de lo que hablamos pero los que somos de pueblo sabemos lo que era aquello, cuando iba todo el mundo a trabajar en lo que podía", recuerda Chelo, cuyo marido colaboró en la construcción, diez años más tarde, del camino que sacó definitivamente a la localidad de su aislamiento.

"Nuestra familia tenía tierras en Requejo, del otro lado, y cruzábamos el puente para ir a trabajar", explica Chelo, que al hacer memoria sobre el uso que los habitantes daban a la pasarela recuerda que "se usaba muchísimo, hasta para bajar a buscar el pan, porque no había el camino que hay ahora, era lo que tocaba en los pueblos".

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