LA MUERTE DEL GENERAL BIENVENIDO ARIEL MIGAZA (III)

toni- cabalgamos

LA COCINA LITERARIA DE ANTONIO ESTEBAN

LA MUERTE DEL GENERAL BIENVENIDO ARIEL MIGAZA (III)

“Temo -dice Luís Antonio de Vega en VIAJE POR LA COCINA ESPAÑOLA- que ustedes pasen por Extremadura sin haber probado cierto plato. Sería lamentable porque no lo he probado en ningún sitio. Seguramente se ignora su calidad comestible”.

“Aquí, en Plasencia, realicé mi conocimiento con el lagarto del que, lo confieso, tenía una idea muy equivocada”.

“En Caparra, tierra de lagartos, me encontré con un lagartero que llevaba una docena de ejemplares colgados de un palo”.

“Al día siguiente, por la mañana, vi a unas mujeres con unos baldes de agua y refrescándose en el líquido, una carne blanca que no había forma de confundir con la de ningún pescado”.

“En compañía de mis compañeros de viaje fui a comprar lagartos y, como me aconsejaron, los llevé a una taberna llamada LA GOLONDRINA, para que los guisasen. Y lo hicieron muy bien en una salsa verde, pródiga en perejiles. Me dijeron que en otros figones los ponen en salsa blanca y que también están muy buenos”.

“El manjar es muy sabroso y debe acompañarse con un vino blanco de Montánchez porque el lagarto tiene un sabor extraño, mezcla de conejo de campo y ancas de rana, así que las objeciones que puedan hacerse al lagarto como manifestación de la cocina plasentina me parecen pueriles”.

Y, hasta aquí, el texto de Luís Antonio de Vega.

La fórmula que yo daba en el relato que se publicó en este blog hace un par de semanas, me la ofrecieron en Baños de Montemayor, que es el primer pueblo que el viajero encuentra después de Béjar -Béjar pertenece a Salamanca y Baños de Montemayor a Cáceres, aunque hasta hace muy poco tiempo, el prefijo telefónico de Baños era el de Salamanca- durante unas conferencias que dicté, hace unos años, sobre la gastronomía en el Camino de Santiago –Sur que nace en Andalucía, atraviesa Extremadura, Salamanca y Zamora y se une al camino francés en Astorga.

Basé mis charlas en los lagartos y en los caracoles de los que hablaremos en otro artículo y que eran degustados ya por las legiones romanas que pisaron aquellas tierras.

Carmina AbarriosEn una visita a Plasencia, poco después, cuando recibí uno de mis premios literarios no degusté el lagarto -me invitó mi amiga Carmina Abarrios a comer en un restaurante al aire libre- porque su caza hoy está vetada por la junta de Extremadura, pero puedo prometer -y prometo- volver a Plasencia y, si es posible, degustar la carne de lagarto.

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