EL TREN CORREO DE LAS SEIS Y VEINTE

toni- cabalgamos

ramal

Toral -los vecinos de Toral- siempre tuvimos querencia de los trenes y, sobre todo, de la Plazoleta de la Estación y de los andenes de la misma en donde nos reuníamos, no solo los domingos, sino, a veces, los días de semana para ver pasar el tren correo de las seis y veinte de la tarde con sus vagones de madera, casi siempre llenos de viajeros que, a su vez, nos contemplaban mirarlos, cuando el tren se ponía en marcha.

Muchas veces bajábamos a la Estación, en grupo, para echar al buzón de aquel correo la carta a la novia de turno o con destino a algún familiar cercano -o lejano- al que se le escribía de vez en cuando.

 Imagen relacionadaRecuerdo que las cartas “POR AVION” iban en sobres en cuyos bordes aparecían varias franjas de colores y llevaban impresa aquella leyenda: “POR AVION”. Pero esas cartas, -las cartas que iban en avión con destino a la Argentina o a Brasil o a Venezuela- se le entregaban directamente a Epifanio, el cartero, que las franqueaba, ya que las cartas dirigidas a otros países tenían otro tipo de franquicia. Anibal

Los domingos y festivos, sobre todo, era casi obligatorio -como asistir a Misa- acercarse a la Estación para ver pasar el tren correo ascendente, el que venía de Galicia . Después, los mozos, se dirigía, en tropel, al cine cuya sesión comenzaba a las siete menos cuarto o al baile, al salón de los Hermanos Faba para divertirse con la Orquesta Veracruz o a base de discos. Según, Había gente para los dos espectáculos. Claro que, normalmente, la juventud que asistía al baile, por la tarde, por la noche -.casi siempre sin novia- iba al cine que comenzaba, indefectiblemente, a las diez y media u once menos cuarto. Así conjugaban ambos espectáculos. (Las chicas -las novias de los novios- no solían ir al cine por la noche. A las diez, obligatoriamente, cuando sonaba la sirena de Cosmos, tenían que estar en casa. Los padres y la decencia imponían este horario).octavio1A [Resolucion de Escritorio]

A la estación -sigo recordando- íbamos -decía- casi siempre en grupo y, a veces, durante la semana, siendo niños o en verano, teníamos la Estación como lugar de juego. Jugábamos al “bote” -patada al bote- al escondite o a “tres navíos en el mar y otros tres en su busca van”, que, no sé por qué, este último juego era más propio de niñas. Y jugábamos en la Plazoleta de la Estación en aquellas plácidas noches de verano mientras los padres, a su vez, jugaban su partida de dominó , de subasta o de “tute cabrón” en el Bar de Juan García, en el de Leandro o en el de Covadonga y las mamás sacaban sus sillas a la calle y comentaban las incidencias del día.`

Yo recuerdo la Estación -Pequeña Velocidad o Gran Velocidad- como un lugar mágico de juegos.

A los muelles de Pequeña Velocidad, -el factor era Agapitín- después de la segunda Guerra Mundial llegaron vagones llenos de cerrojos de fusiles, de revólveres sin tambor y otro tipo de chatarra chatarra bélica. Yo, personalmente, encontré un revólver pesadísimo, al que, únicamente, le faltaban las cachas. Se movía el tambor y supongo que, hubiera podido disparar si hubiera tenido balas. Un mal día mi padre lo tiró al río.

También recuerdo en el muelle de Gran Velocidad, apiñados, sacos de yute con castañas que traían los montañeses desde Oencia, Friera o Sobrado o Cabeza de Campo. Nosotros agujereábamos aquellos sacos y degustábamos la fruta. Y recuerdo un cartelón pegado a la pared con las ALELUYAS DEL YUTE POR SI ALGUIEN LO DISCUTE que copié en un papel y que decían así, debajo de unos dibujos: “Las aleluyas del yute/ por si alguien lo discute/.Ya en la historia de Sansón / triunfó el yute en su misión/ Apareció aquí en España/ al nacer Mary Castaña// Más de diez mil operarios / lo hacen hoy productos varios / El saco es de utilidad / desde el campo a la ciudad /Producto mal ensacado, / nunca da buen resultado / No se rasga ni aunque quiera/ .Un punto no hace carrera //Es para cualquier violencia / campana de resistencia / puede aguantar mucho peso y ni se rompe por eso /No le afecta la humedad /y nunca se pudrirá /Aunque mucho se le roce / apenas se le conoce / Hasta el último momento / tiene su aprovechamiento /Olvidado en el granero / sigue valiendo dinero.

Seguramente estas aleluyas desataron en mi ánimo -no sé- la afición a la poesía y creo que fue entonces cuando quise escribir. Y escribí cosas tan extrañas como :”Está lloviendo a raudales / los caracoles ya asoman / tras los zarzales”/ que yo consideré algo excepcional pero que, vulgarmente, eran unos ripios. La poesía -.los premios- vendrían mucho después. De ellos hablaré en otra ocasión.

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Una respuesta to “EL TREN CORREO DE LAS SEIS Y VEINTE”

  1. Pituca Says:

    Siempre he tenido un sentimiento de Amor- Odio hacia los trenes,debido que de niña veía partir entre sollozos a mi padre,que se iba a ganar el”” pan”” a otras tierras lejanas y extranjeras.
    Luego de adolescente,esperaria impaciente ese primer Amor de juventud,en la estación.
    La misma estación,que hasta el mismísimo poeta Villafranquino Antonio Pereira,menciono en alguno de sus relatos.Asi como la belleza de las mujeres de aquel tiempo,que según el se paseaban por la estación,con estilo y garbo.
    Creo que es y seguirá siendo un privilegio,que en nuestro pueblo pase el tren 🚃 ,que si bien es verdad que a veces nos a dado tristeza en las despedidas,nos has traído ilusion e entusiasmo en las”” bienvenidas””


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