XIV PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS

 

toni- cabalgamos

juan [Resolucion de Escritorio]

El sargento Pérez Pineda se levantó del sillón que ocupaba y golpeó la mesa
-No mienta, Juan González.
Hizo una pausa mientras clavaba los ojos en el hombre que estaba frente a él
-No mienta. Diga la verdad. La escopeta estaba cargada y usted lo sabía y por eso lo dejaron con ella como vigilante y con la orden de disparar si se acercaba alguien.
Se hizo un silencio en la habitación.
-Yo…. –trató de disculpase González- Yo… no sé… No recuerdo si la escopeta estaba o no estaba cargada.
Pérez Pineda no quiso profundizar en el tema y dijo:
-Pues procure recordar todo… ¿Qué ocurrió a continuación..
-Cargaron en la camioneta que estaba aparcada en la carretera varias cajas de dinamita que habían sacado del polvorín
-¿Estaba abierto el polvorín…?
-No lo sé. Yo estaba un poco lejos de allí y me preocupaba de vigilar si llegaba alguien, como me habían dicho…
Hizo una pausa
-Creo que forzaron la puerta. Me pareció que Eduardo Castañón le daba a alguien, creo, una barra de hierro para que forzase la entrada al polvorín…

-¿A quién le dio Castañón lo que usted supone una barra de hierro…?
-Era desconocido para mí. Era uno de los que habían bajado del tren, pero no estoy seguro… Yo no lo conocía..
-¿Forzaron la puerta del polvorín…?
-Sí, señor, ya se lo dije y sacaron varias cajas que yo supuse eran de dinamita porque en un polvorín hay dinamita.
-¿Cuántas cajas sacaron, Juan…?.
-No lo sé. No las conté
-No las contó porque usted seguía vigilando el camino ¿no es eso…?
-Claro. Se habían olvidado de mi. Me escondí entre el monte bajo, a orillas del camino. Cuando regresaron les oí decir que irían a Ponferrada.
-¿Se olvidaron de usted…?
Dudó Juan González al responder.
-Yo… Pienso que sí . Cuando se marcharon fui a casa de mi cuñada Elisa. Dejé allí la escopeta para que se la devolviesen a Secundino Olego y ya no volví al centro ni volví a ver a ningún compañero. Pasé la noche en casa de mi cuñada y al día siguiente, de amanecida, regresé a Villadepalos. Es todo lo que le puedo contar y le juro a usted que es la verdad.
Pérez Pineda lo miró de hito en hito. En su fuero interno creía que la declaración del hombre era cierta. Lo veía temeroso y su experiencia en casos como este le demostraba que el hombre decía la verdad.
-¿Firmará su declaración…? -preguntó- .
-Sí… -dudó- si, si en ella se refleja lo que he dicho.
Pérez Pineda hizo un gesto a Nemesio Carracedo que había dejado de teclear en la máquina.
-¿Está listo el documento, Carracedo..? -preguntó.
-Si, don Tomás
-Pues léala a este hombre y que la firme
Carracedo extrajo el pliego de papel de la máquina. Lo alisó con la mano, sobre la mesa. Después quitó el papel carbón que había utilizado para hacer una copia y leyó en voz alta. Cuando terminó la lectura miró a su superior esperando órdenes.
-¿Está de acuerdo con lo escrito en esta declaración…? -preguntó Tomás Pérez Pineda a Juan González
-Sí, señor.
– Fírmela
Juan González se inclinó sobre la mesa y firmó la declaración.
En aquel momento un rayo de sol entró por la ventana y se detuvo en la espalda del sargento Pérez Pineda que observaba como el encausado firmaba el documento. Sonrió levemente. Estaba contento. Cumplía con su obligación y, seguramente, pensó, todo lo que estaba ocurriendo y le valdría un ascenso.

 

CONTINUARÁ

 

Capítulos anteriores
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE (I)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS II
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (III)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (IV)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (V)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (VI)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (VII)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (VIII)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS IX
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS X
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (XI)
PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (XII)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (XIII)

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