EL SANTO DE DON PACO SANTOS

toni- cabalgamos

MEMORIA DE TORAL

21Yo tuve una relación de amor/odio, -lo confieso ahora- en mis últimos años de escuela en Toral con don Paco, el maestro, cuando asistía a su escuela particular, en el Ferradal, en la casa de Digón, en donde, posteriormente, estuvo el Ayuntamiento.

-Por ocho duros al mes , – veinticinco céntimos de euro, hoy- señor Pepe, -le dijo don Paco a mi padre- Toñito aprenderá a resolver problemas de interés simple o compuesto y eso le vendrá bien para el día de mañana, cuando se haga cargo del comercio.

Papá asentía.

-Me parece bien, don Paco.

Hacía una pausa mientras encendía por enésima vez la pipa y continuaba:

-Y ¿lo de los tanto por ciento ?. Ya sabe usted que en un comercio como el nuestro, tendrá que conocer los tanto por ciento.

Papá no sabía que yo no quería ser comerciante como él. A mí lo que me gustaba era ser futbolista como Ricardo, el de Amando o Albertín o Pepín “Tacones” o como Epi que jugaba en el Valencia -Epi, Igoa, Mundo, Asensi y Gorostiza- como extremo y también me gustaba escribir en Proa, un periódico, según decían, del Movimiento, un Movimiento que no se movía.

-Y le enseñaré a resolver problemas de tanto por ciento o sea, la regla de tres simple y hará dictados de EL QUIJOTE.

A don Paco le entusiasmaba hacer dictados de EL QUIJOTE porque era la mejor manera, según él, de aprender ortografía.

-¿Sabe, señor Pepe…? -le confiaba don Paco a papá- A mi no me sirve que los alumnos aprendan de memoria las reglas de la Ortografía o sea, que antes de “p” o de “b” se escribe “eme” o que se escriben con “b” todos los verbos acabados en –bir, menos hervir, servir y vivir y sus compuestos y derivados.

A papá, creo yo, lo de la ortografía no le importaba mucho. A él le interesaban más las matemáticas que, a lo largo, serían muy importantes para mí y aceptó la propuesta de don Paco y el día treinta de cada mes -o el treinta y uno- me decía: Llévale este dinero a don Paco. No lo pierdas.

Y don Paco, cuando le daba el dinero, lo guardaba, sin mirarlo -y sin darle, aparentemente, importancia- en el bolsillo de su chaleco porque don Paco era muy clásico y usaba chaleco, a diario. Chaleco y corbata.

Y en esa escuela particular del maestro comenzó mi relación de amor/ odio con él, a pesar de que siempre había sido un alumno estudioso y aventajado.

El odio, permítaseme llamarlo así dio comienzo cuando supo que me habían suspendido en Gramática en mi ingreso al Seminario de Astorga y Kiko Tagarro, el cura de Friera se había hecho cargo de mi educación gramatical. Don Paco se sintió ofendido y, desde entonces, comenzó a llamarme Antonio y no Toñito.

Un domingo, a la salida de Misa me dijo:

-Esto no se hace, Antonio…¡.Dejaste la escuela sin darme explicaciones. Díselo así a tus padres.

Y se lo dije

-Que dice don Paco que tenía que haber seguido yendo a su escuela y no a Friera con Kiko Tagarro.

-Claro -dijo mamá- y no hubieras aprobado Ingreso.

Yo no sé por qué circunstancias el cuatro de Octubre seguía en Toral. Ese día, la Iglesia celebraba la festividad de san Francisco de Asís, onomástica de don Paco y mamá, que era muy cumplida, decidió, seguramente para congraciarse con él, regalarle un brazo de gitano, así que preparó uno con crema por dentro, para que yo, por la tarde, se lo llevase a casa y lo guardó en una fresquera. Yo, que era muy goloso y aun hoy lo sigo siendo, probé el dulce metiendo el dedo en la crema y, no contento con eso, primeramente usé una cucharilla y, después, un cuchillo de postre para cortarlo en pedacitos pequeños. Y usé el cuchillo tanto, para nivelar el corte, que el brazo de gitano quedó reducido a la mitad. Cuando mamá lo vio, -después de darme unos zapatillazos, le dijo a mi padre:

-Así no puede llevarle el niño el dulce a don Paco porque seguramente él querrá invitar a sus amistades, a don Francisco, el cura o al cabo Horacio.

-Pues… -dijo papá tras un instante de duda- le mandamos otra cosa… Por ejemplo una corbata. Tampoco está mal el regalo porque don Paco usa corbata.

Y eligió una corbata que, a mí, personalmente, me pareció horrorosa y pasada de moda. La embaló, forró la caja con papel de envolver regalos y me la dio y yo se la llevé a don Paco.

-Tenga -le dije al maestro- esto de parte de mis padre.

Y don Paco, que esperaba el brazo de gitano cambió de color cuando se dio cuenta de que no era el dulce que esperaba, sino que era una corbata y dijo:

-Una corbata, Felisa… Mira, una corbata que me han mandado los de América. ¡ Vaya porquería…¡.

Y, después, a mí:

-Dale las gracias a tu padre y a tu madre, Antonio.

Y yo, desde aquel momento, dejé de ser Toñito y me convertí en Antonio -nombre que nunca me ha gustado- o el hijo mayor de los de América, que me gustaba menos.

Anuncios

Deja un comentario.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: