DON JULIO BENAVIDES

toni- cabalgamos

Don Julio,

Mi relación con don Julio Benavides Rubio, en contra de lo que pudiera parecer -las apariencias , a veces, engañan- no fue una relación normal. Y me explico: cuando falleció mi padre, don Julio, olvidando aquello de la caridad cristiana de enterrar con dignidad a los muertos, me dijo:

-Tu padre no asistía a Misa y, por lo tanto no tiene derecho a cruz procesional en el entierro.

Quedé estupefacto, lo reconozco, pero me repuse y encarándome con él, le respondí:

-Eso, ya lo veremos. Voy a llamar al Obispado y explicarle lo que usted me ha dicho y ya veremos si en el entierro hay cruz o no hay cruz ..

Yo no iba a llamar al Obispo y, por supuesto, no lo hice, pero la amenaza dio resultado y la cruz presidió el entierro.

Años más tarde hubo otra historia similar, al fallecer mi madre.

-Búscate -me dijo- un sacerdote que oficie. Yo tengo un viaje y no puedo hacerlo.

Supuse que, en todo caso, tendría que ser él quien buscase sustituto, pero no lo hizo, así que pedí a don Dámaso, párroco de Cacabelos que oficiase en el entierro. Don Dámaso no opuso dificultades e, incluso, hizo un panegírico elogioso de la difunta.

Todo lo anteriormente narrado es verídico, pero no quiero que mis recuerdos me ofusquen e influyan negativamente en esta MEMORIA DE TORAL ni en el concepto que los feligreses tengan de don Julio Benavides que, de Dios haya, ,como decía él.

Cuando don Julio se hizo cargo de la parroquia quiso, estoy seguro, cambiar muchas cosas entre la juventud, para atraerla, pero don Julio no era, precisamente un cura que atrajese a los jóvenes.

En un primer momento habló de la atmósfera perniciosa de bares y cafés en donde, entre otras cosas, se jugaba dinero, así que compró un televisor en color para que pudiésemos ver , los domingos, fútbol y lo instaló en la Casa Rectoral y nos invitó. Únicamente fui yo. Y no volví porque ninguno de mis amigos quiso ir conmigo.

En la Misa de los domingos pronunciaba una homilías horrorosamente largas y farragosas, imposibles de soportar, así que la juventud, que, habitualmente, ocupábamos los últimos bancos de la Iglesia, salíamos a la escalera a fumar uno de aquellos cigarrillos -CHESTER- que habíamos ganado en el Bar de Selo, el “Peonés” jugando al futbolín y durante la homilía, charlábamos de nuestras cosas o intercambiábamos novelas del Oeste.

Pero, con don Julio -tal vez por eso su inquina contra mí- tuve algún que otro desencuentro como el que ocurrió durante los ensayos de MURIO HACE QUINCE AÑOS, una obra de teatro de la que escribí hace algún tiempo en esta misma sección y a ella los remito.

Puedo recordar, también, el navajazo que propició a un perro y que le valió un sobrenombre que no quiero recordar y que lo acompañó durante su estancia en Toral. Yo se lo reproché un día, entre sonrisas, porque el perro pertenecía a Luciano Sevillano, panadero de Villadepalos que jugaba al fútbol -y muy bien- con nosotros, en el R.C.D. Relámpago.

Aquella tarde -lo recuerdo perfectamente- estábamos jugando en el Campo de la Feria -aún existían los negrillos- y el perro interrumpió con sus ladridos, el rezo del Rosario que él dirigía.

Don Julio, moviendo airoso la sobrepelliz, salió de la Iglesia, se acercó al perro y le lanzó con arte una navaja, abierta, que quedó clavada en el lomo del chucho que salió huyendo con el rabo entre las piernas como suele decirse.

Hay más historias sucedidas entre el cura Benavides Rubio y este que escribe, pero, sobre ellas quiero correr un tupido velo. Tal vez sea en otra ocasión, momento de contarlas.

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3 comentarios to “DON JULIO BENAVIDES”

  1. Pituca Says:

    La verdad que era un hombre muy “” peculiar”” y en su ansias de inculcarnos la”” Fe”” a toda costa.Se le olvidaba que esa es peor manera,de convencer a ningún joven.
    Yo le conteste bastante,no coincidia en muchas de sus ideas y buen día le dijo a mi padre “” que tenia una hija muy rebelde y con criterio propio”” .

    A lo que mi padre le contesto ,”” Muchas Gracias Don Julio”” por recordarme que tengo una hija inteligente y muy sana”” jajaja mi padre como el tuyo tampoco era de ir a misa.
    Y siembargo y no solamente porque fuese mi padre,era muy buena persona.
    Y es lo cortes no quita lo valiente,y a el que “” Dios lo tenga en Gloria””.
    Gracias Tony por “” escarrapizarnos”” la memoria, un abrazo.

  2. Marino Castro Says:

    No me parece correcto censurar los comportamientos de una persona fallecida, pese a que no despertara simpatía entre sus feligreses. Todos tenemos virtudes y defectos, los curas también. Don Julio, quizá no evolucionó con los tiempos modernos, pero fue un esmerado horticultor y colaborador con la hermandad de donantes de sangre. Yo nunca asistí a misa y a sus homilías, pero no tengo potestad de juez, ni de fiscal de los defectos de los demás. Por último, quiero añadir que me sorprendió la entereza y el valor con que asumió su enfermedad.

    • Pituca Says:

      Marino nadie lo critica,Tony dice la verdad,independienteme que como es lógico tuviese sus buenas cualidades.
      No se usted de aquella residía en Toral pero para la gente joven era chocar contra un muro.
      Asi que lo cortes no quita lo valiente,pero decir que de los muerto no se puede contar la verdad,resulta “” exagerado””, un saludo.


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