Miguél Ángel desde Santiago Compostela.

Hola Toñín, y un abrazo virtual desde Compostela a quienes os acercáis a esta página que nos une a nuestra tierra. Hoy, cuadragésimo segundo día de confinamiento, día del libro, el sol se ha asomado a esta ciudad después de unas jornadas grises y mojadas, como si la primavera se uniera a la tristeza que embarga a una ciudad normalmente alegre y festiva. Pero las calles vacías de estudiantes, turistas y peregrinos, que dan una fuerza inigualable a esta espectacular ciudad, nos han descubierto lo frágil que puede ser esta vida que conocemos. Así, los residentes y picholeiros (apelativo cariñoso de los nativos de la ciudad) que aquí resistimos, nos conformamos con asomarnos a sus calles vacías en el sentido homenaje de las ocho de la tarde.
En mi caso, lo cierto es que no he dejado de trabajar (al igual que todos los de mi gremio, supongo) desde que se declaró el estado de alarma: los famosos ertes, los problemas arrendaticios, las multas a los insolidarios, algún despido, preparaciones de concursos, atención a detenidos, violencia de género… la necesidad de la intervención del abogado no ha cesado en todo este tiempo. Y aún tenemos que prepararnos para un futuro que se presume incierto del funcionamiento de la administración de Justicia, más retrasos, necesaria modificación de las instalaciones, reformulación de los procedimientos judiciales y de la propia oficina judicial, mayor operatividad telemática, implementación de la mediación, mucho trabajo por delante y de difícil gestión en la más pobre de las administraciones del estado.
En cualquier caso, todo este trabajo me ha permitido salir del confinamiento por las mañanas y conciliar la vida familiar en casa, con Adela (que os envía un abrazo),:por las tardes.
Esta terrible situación que vivimos nos ha permitido conocer lo mejor y lo peor de esta sociedad. Lo mejor, la solidaridad y el respeto para con los demás, el apreciar y conocer a nuestros vecinos como antes ni habíamos intentado, el respeto por unas normas difíciles de cumplir, el compartir la tristeza y la alegría con los que ni tan siquiera conocemos, el aplauso a los que se entregan por los demás de forma tan profesional como desinteresada, el entender la salud como un elemento esencial para nuestra vida por encima de otras cuestiones que hoy, al menos a mí, se nos antojan superfluas, el precio que pagaríamos por un beso o un abrazo, o un simple apretón de manos.
Lo peor, la insolidaridad de quienes solamente piensan en sí mismos y no en los demás, creyendo que burlar la cuarentena no tiene consecuencias; la falta de respeto a nuestros vecinos, sobre todo cuando son quienes se sacrifican en su trabajo por los demás, la propagación de bulos, mentiras y noticias falsas con el fin de obtener algún tipo de rédito (de eso algo conozco); la búsqueda de provechos económicos a costa de otros; el mal uso que se está dando a dos libertades que a nuestra sociedad ha costado mucho conseguir, la de información y la de expresión, con el único objetivo de crear alarma social en función de intereses espurios. Y podríamos seguir.
Lo cierto es que nuestra sociedad debe aprender a luchar por sobrevivir, por reiventarse, por nacer de nuevo, porque es posible que nada vuelva a ser como lo habíamos conocido. Se restringirán las aglomeraciones en espectáculos, fiestas, concentraciones, cines, locales de hostelería (lo siento), manifestaciones, pabellones deportivos, estadios, al menos hasta que tengamos una vacuna. Viajaremos menos, desconfiaremos más, nos preocuparemos de las medidas higiénicas y de los procedimientos de protección. Pero viviremos.
Para los que estamos fuera, voy a dejar un pensamiento que me atrapó el otro día viendo una película: preguntada una mujer mayor sobre lo que más le gustaría hacer en el futuro contestó que subir al cielo para convertirse en una nube y transitar por el mundo hasta llegar a su tierra para desprenderse como fina lluvia y quedar impregnada allí para siempre.
Desde Compostela, unha alerta virtual.

La estación de tren
Calle Hórreo hacia el centro.
Calle Horreo hacia la salida de la Cudas
Rosalia de Castro y carretera de Noia
Camino Novo, hacia centro ciudad.

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