Alfredo Valcarce, catedrático de Física Nuclear y de Partículas de la Universidad de Salamanca.

Fredi y Charo  pre Covid en la mezquita de Cordoba.

Hola Toño!

En primer lugar gracias por abrir esta ventana a la casi normalidad a aquellos que aún seguiremos algún tiempo más en la fase 2. De igual forma, agradecerte sinceramente la labor que haces desde tu blog, tanto por nosotros, los que tenemos las raíces y mucho de lo que queremos en ese pedazo de tierra maravillosa, como por nuestros mayores, el “facebook” de Toño, que les mantiene conectados con la realidad de su pueblo a pesar de que el Covid-19 intentó aislarlos. Tú les has ayudado a superarlo.

En cuanto al confinamiento ha sido duro. Digo ha sido, y no fue, porque creo que debemos concienciarnos de que aún estamos en momentos complicados, si bien los más difíciles ya parece que han quedado atrás. Debemos demostrar que somos una sociedad lo suficientemente madura como para entender que en nuestros actos está la salud, y a veces la vida, de los demás. Cuídate para cuidarlos, protégete para protegerlos. Quid pro quo. Déjame recuperar unas palabras que escribí en honor a Don Manuel hace unos años acerca de nuestros padres. Ellos nos enseñaron el verdadero valor de la vida. Desde sus limitaciones, que aún los hacen más grandes, fueron los verdaderos responsables del cambio que sufrió este país. Ellos nada tenían que perder sino sus cadenas, y sin embargo un mundo por ganar, que nos regalaron a nosotros. Cuidemos a nuestros mayores.

Charo con EPI’s

En lo personal ha habido varias circunstancias que han contribuido a dibujar mi visión del confinamiento. En primer lugar, el estado de alarma me cogió fuera de España, en viaje de trabajo. Yo aterricé en Madrid el 14 de marzo y viví las medidas que se tomaban para los que llegábamos del extranjero. Se resume fácil, ninguna. No he vuelto a mi despacho desde finales de febrero, ni tampoco obviamente a cruzar el Manzanal. En segundo lugar, mi mujer (Charo) es médico de emergencias, coordinadora las UVI’s móviles de todo la zona oeste de Salamanca. Aquí el Coviv-19 ha golpeado duro. Viví en segunda persona los días terribles de finales del mes de marzo y principios de abril. La lucha denostada por el material de protección que faltaba, el esfuerzo infinito de los profesionales por cuidar de la vida de la gente. Ellos son mi mujer y mis amigos. Horas y días interminables que jamás les podremos agradecer. En su base, a día de hoy, ninguno de los seis médicos ni los seis enfermeros se ha contagiado, porque ella decidió tomar medidas de protección drásticas a finales de febrero. El bicho estaba ahí y ellos se temían lo peor. Solo pido una cosa, no los olvidemos pues les debemos todo. Sin su esfuerzo desinteresado, sin su dedicación, sin su solvencia, sin su capacidad, todo habría sido mucho peor. Y están cansados, muy cansados. Me remito a una frase que ya me gustaría fuese mía: Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.

En lo profesional el Covid-19 ha hecho también mucho daño. La enseñanza, en particular la universitaria, sin contacto, sin presencia, no existe, es otro concepto. El aprendizaje tiene mucho de ósmosis. La enseñanza requiere ver la cara del otro, saber dónde tienes que hacer hincapié, dónde pararte. Y no debemos dejar que nos roben el proceso formativo, el maestro no solo te enseña contenidos, te trasmite formas, maneras que jamás podrá suplir el proceso online. Y aquí no se debe reparar en medios, porque si pensamos que la educación puede ser cara, probemos con la ignorancia. La investigación también se ha resentido, en este periodo debía haber dado varios cursos y conferencias en lugares variopintos, como Brasil, fíjate como está, pero he mantenido cierta actividad porque tengo un grupo de colaboradores, grandes amigos, excepcional. Hemos sacado trabajos relevantes adelante, pero eso te lo contaré más adelante cuando veamos el mundo con otro prisma.

Y déjame acabar con una reflexión acerca de la familia y los amigos, que en esos lugares pequeños le dan a la vida un enfoque tan distinto, tan humano. He tenido a mi madre, la abuela, confinada todo este tiempo. Pero gracias a Lola, a Héctor, a Noemí, a Rosi, a Míriam, a Carmen (Loliña), a Ezequiel, a Ángel, a Mariano, a Pili, a Paquita, a Lupe, a Mita, a Alberto, a Javi (Villadepalos), a Mari, a los vecinos de enfrente de “la abuela” que no sé cómo se llaman pero estuvieron ahí para lo que hizo falta, al “facebook” de Toño, a mi mujer que ha hecho de la teleasistencia una forma más de medicina, en resumen a todos a todos los que habéis conseguido que en esta situación tan complicada la vida siguiese adelante de la forma más parecida a la normalidad, solo puedo transmitiros mi más sincera gratitud a través de una frase de Gabo: En realidad, el único momento de la vida en que me siento ser yo mismo es cuando estoy con mis amigos. Gracias

Universidad de Salamanca>

Una respuesta to “Alfredo Valcarce, catedrático de Física Nuclear y de Partículas de la Universidad de Salamanca.”

  1. Ana María Mallo Says:

    Un abrazo Alfredo

    Me gusta


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