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TRAMPAS Y GALLEIROS- Bouza Pol

– TRAMPAS Y GALLEIROS-

Los agricultores de regadío de mi pueblo y alrededores, que trabajaban primorosamente sus pequeñas huertas, cuartales, y tabladas, llamaban «trampas» a los pequeños palos-rama que ponían a los guisantes y a los tomates para que treparan y no se arrastraran por la tierra. A las habas, judías o fréjoles les ponían palos largos y derechitos para que treparan alto. A éstos se les llamaba «galleiros». No sé si siguen en pleno uso estas palabras o van desapareciendo.

Antes, cuando éramos pobres, los agricultores trabajábamos, sudábamos, sufríamos, y nadie nos subvencionaba.

Ahora, para tener más calidad de vida es necesario organizarse mejor, producir más sano, no envenenar la tierra. Me duele ir a los supermercados y no encontrar patatas españolas, ni garbanzos, ni pistachos… En el Bierzo es imposible ver en el campo, en el monte, una buen rebaño de cabras, o de ovejas. El sector maderero es una pena, sin industrias transformadoras, sin empleos, sin riquezas que aportar al PIB de la región. Los agricultores tienen escasa libertad de cultivos, y con demasiada frecuencia padecen la excesiva rigidez de las políticas del Ministerio de Agricultura de España y de la PAC de la Unión Europea.

Soy absolutamente contrario al abuso que ejercen algunos «ricos-miserables agricultores», sobreexplotadores, empeñados en quemar y maltratar la tierra, el agua, los animales y las personas a base de pesticidas y herbicidas sumamente agresivos. Insisto, una vez más: El Bierzo debería apostar, decididamente, por la agricultura ecológica.

Los hijos de agricultores empezamos a trabajar cuando teníamos pocos años, tierna edad en la que asumimos responsabilidades prácticas. No nos hemos traumatizado, ni nos hemos sentido explotados por nuestros progenitores que, además de ser excelentes y cariñosos protectores, han sido también nuestros mejores maestros. Yo bendigo a mis padres, y los llevo constantemente en mi corazón y en mi cerebro.

Los que somos de pueblo, y ya contamos muchos años, muchos viajes y muchas lecturas, cuando entramos en las páginas de un libro nos damos perfecta cuenta de si el autor sabe de lo que escribe y ha estado, de verdad, en esos lugares tan exóticos que nos relata. Hoy, gracias a internet, cualquier escritor, sin salir de casa, puede hacer ver que sabe de agricultura, que ha vivido en Pernambuco, en Ribadeo, en las Chimbambas.

Sin embargo, si cuentan que les encanta plantar patatas, nunca conseguirán engañar a los hijos de agricultores, pues sabemos muy bien que las patatas no se plantan, se siembran.

«Despierta, pueblo: pero despierta bien»

BOUZA POL, escritor.

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