Carta abierta...

“El crudelio Putin” por Raúl Álvarez.

Raúl Álvarez Fernández

La ONU surgió después de la II Guerra Mundial y fue la sucesora de la Sociedad de Naciones. Dentro de ella, solamente algunos países integran el Consejo de Seguridad. Uno de estos países es Rusia. Esta nación parece defender sus intereses nacionales y estratégicos. Se reserva determinadas zonas de influencia en África, Oriente Medio, Asia, Sudamérica… y las Repúblicas que antiguamente formaban parte de la URSS.

    Juan Pablo II, Thatcher, Reagan, Gorbachov, Yeltsin… contribuyeron al hundimiento del Imperio Soviético. La mayoría de los países del Pacto de Varsovia han entrado a formar parte de la Unión Europea y muestran su rechazo al comunismo burocrático, a fin de cuentas una dictadura. Había otros partidos pantalla, que sacaban unos pocos votos. Ésa era la «democracia popular», que no era ni democracia, ni popular. La democracia tiene todo su sentido como democracia, sin adjetivo alguno.

   Putin, formado en la escuela de los Servicios Secretos -KGB-, ha aplicado en su política interior la «razón de Estado», explicada por H. Kissinger en su libro «Diplomacia». En su relación con otros países se muestra paneslavista y es un alumno aventajado de Adolf Hitler, al desarrollar en política exterior el concepto de «Lebensraum» o espacio  vital, de lo que se deduce su política agresiva. Ha impuesto una reedición de la tradicional Guerra Fría, que nos lleva a una configuración distinta de las relaciones internacionales, con el ascenso de China en el plano económico y el retroceso de EEUU.

   Tradicionalmente Rusia ha tenido el problema de acceso al mar, pero más recientemente los barcos pesqueros rusos faenaban en aguas de las Islas Canarias… También provocó la crisis de los misiles, instalados en Cuba, en tiempos de JFK.  

   El oso ruso, personificado en Vladimir Putin, ha vulnerado los principios elementales de la política internacional. La labor mediadora de la ONU no ha tenido lugar y ha surgido un nuevo orden internacional multipolar.

Por todo ello, lo podemos considerar un autócrata, sostenido a su vez por los oligarcas rusos. Además de ser un ególatra y un narcisista enfermo, se caracteriza por su afán de poder, por situarse por encima de sus interlocutores y creerse una persona providencial.

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