17 de noviembre de 1936 – ¿El episodio más trágico de la Historia de Toral?

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17 de noviembre de 1936 – ¿El episodio más trágico de la Historia de Toral?

“Don Elio Díez Mato, Comandante Médico de Sanidad Militar, con destino en la Comandancia Militar de Ponferrada.

Certifico: Que he asistido al fusilamiento, en el día de la fecha, de los reos: Antonio Fernández y Fernández, Antonio del Valle García, Blas San Miguel Casín, César Fernández Santín, Diego Diñeiro Cuadrado, Dionisio Ferrero Aller, José Iglesias Silva, Serafín Iglesias Silva, Eduardo García Castañón, Vicente Franco Santín, Jesús Franco Santín, Julio Franco Santín, José Álvarez Ares, José Fernández Campos, Juan García García, Juan González Fernández y Rogelio Rallo Vega, y a presencia del Juez Instructor de la causa he reconocido a los fusilados que quedaron muertos a la primera descarga.

Y para que conste y para acreditar su fallecimiento, cumpliendo lo ordenado, expido el presente que firmo en Ponferrada a diez y siete de noviembre de mil novecientos treinta y seis”.

El 17 de noviembre de 2011, a las 6:30h de la madrugada, se cumple el 75 aniversario del fusilamiento en el paraje de Montearenas (Ponferrada) de las 17 personas antes citadas. Funesto desenlace del juicio militar iniciado dos meses antes.

En su mayoría eran vecinos de Toral, exceptuando cuatro de Villadepalos (Diego Diñeiro, Juan González, Jesús Franco -de origen toralense- y Antonio Fernández) y uno de Otero (Juan García). En el cementerio de nuestro pueblo fueron inhumados doce cadáveres: los de diez vecinos de Toral (excepto Blas San Miguel y Rogelio Rallo) más Jesús Franco y Juan García.

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Antonio Fernández- Antonio del Valle -César Fernández- Diego Diñeiro -Dionisio Ferrero

De todos los encausados detenidos (ya que otro significativo número se encontraba en “paradero desconocido”), tan solo uno se libró de ser fusilado, Bernabé García y García, vecino de Otero, que fue condenado a cadena perpetua (pena que afortunadamente no cumpliría). De los que habían optado por la huida, algunos serían capturados con posterioridad, aplicándose también en algún caso la pena capital.

A ninguno de ellos se le acusaba de “delitos de sangre”. Ni en Toral (ni en los pueblos de su entorno) se produjeron muertes de adictos al golpe militar durante los días posteriores al mismo. Sin embargo, esto no fue contemplado por los golpistas a la hora de instaurar un régimen de miedo, de terror, durante los días, meses y años siguientes.

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José Iglesias- Serafín Iglesias -Vicente Franco -Jesús Franco-Blas San Miguel

El supuesto delito del que se hacía partícipes a nuestros vecinos, al igual que en otras causas de aquellos momentos, era el de “rebelión” (también enunciado como auxilio a la rebelión o incluso rebelión militar). Sorprendentemente se les acusaba de haber permanecido fieles al orden legalmente establecido frente a los que sí se habían rebelado, se les culpaba de no haber apoyado el levantamiento militar, el típico “golpe de estado” que tan poco cuesta repudiar y condenar… cuando sucede en otros países. En todo caso, sí es cierto que se habían rebelado contra las propuestas de los sediciosos.

El motivo inicial de este proceso judicial –el robo de explosivos en el polvorín de la cantera de Cementos Cosmos tras la sublevación militar de julio de 1936– pronto se convierte en una clara escusa para perseguir a los dirigentes sindicales y políticos de la izquierda toralense. Hay que reconocer la efectividad de Carlos Álvarez Martínez, Juez Militar encargado de dirigir la causa, para llevar a efecto los principios del golpe. El general Mola, en una de las Instrucciones reservadas dictadas a sus compañeros militares insurrectos con anterioridad a la fecha de la sublevación, indicaba de forma expresa:

“Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible a un enemigo fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de partidos políticos, sociedades o sindicatos desafectos al movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelga”.

En nuestro caso, buena parte de los ejecutados (sin duda el más ejemplarizante castigo) se identificaba con estos objetivos: eran miembros de la Izquierda Republicana local (partido político perseguido con especial ensañamiento), José Iglesias, Antonio del Valle, Dionisio Ferrero y José Álvarez; formaban parte de la corporación municipal republicana de tendencia frente populista, José Iglesias, Juan García, Antonio del Valle y Dionisio Ferrero; ocupaba un cargo de Justicia municipal César Fernández; y eran miembros del ugetista Sindicato de Obreros del Cemento, Juan García, Vicente Franco, Diego Diñeiro, Antonio Fernández y Julio Franco. A los restantes inculpados también se les atribuyen vínculos con las organizaciones sindicales y/o políticas.

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Julio Franco- José Álvarez -José Fernández -Juan González

El análisis del proceso, sus antecedentes y los hechos que acaecieron con posterioridad no pueden ser objeto de análisis en una breve colaboración. Hoy únicamente he querido recordar a estas personas, como pequeño homenaje a unas víctimas de la sinrazón, del fanatismo y de la barbarie humana, a quienes ni se les permitió tener el más mínimo reconocimiento durante su entierro:

“…sean trasladados los cadáveres de los expresados individuos directamente al cementerio […] donde serán inhumados, no debiendo celebrarse durante este acto manifestación pública ni privada de ninguna clase”.

Recordar no es tener rencor, es una forma de intentar que no vuelvan a suceder anteriores errores. Recordar es, en ocasiones, enfrentarnos a fantasmas del pasado para, de una vez, vencerlos. Recordar a estas personas para mí hoy es un acto de justicia, aunque de ninguna manera sirva para pagar la deuda que el 17 de noviembre de 1936 se contrajo con ellos y con sus familias.

“La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos” (Cicerón)

Carlos Fernández Rodríguez

Ponferrada, Noviembre de 2011

Mi más sincero agradecimiento a todos los que han colaborado en este trabajo, y en especial a los familiares de aquellos a quienes hoy he querido recordar.

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LA BICICLETA DE PAPA

toni- cabalgamos

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Al titular hoy, así, este artículo, he pensado en las frases que nos hacían aprender, de memoria, cuando estudiábamos inglés: My taylor is rich -mi sastre es rico o “ma mere à une montre” -mi madre tiene un reloj- o como decía, más arriba -lo digo en español- La bicicleta de mi papá.

Papá, allá por los años cincuenta, compró una bicicleta que nosotros queríamos que fuese de “media carrera”, es decir, una bicicleta normal pero con manillar de carrera como la que usaba Delio, Berrendero o Trueba o Dalmacio Langarica, que eran los ciclistas de moda y que también usaba don Paco, el maestro, para ir a Cosmos a impartir clases a los hijos de Remacha; pero, no: compró una bicicleta -azul- de las llamadas “de paseo” con guardabarros, freno, portabultos y dos carteritas de cuero añadidas al portabultos que guardaban las herramientas para desmontar la rueda, si se pinchaba, junto con los parches, un tubo de disolución que era un pegamento y un trozo de lija necesaria para rascar el lugar del pinchazo y colocar el parche.

La bicicleta también tenía un bombín que servía para dar aire, aunque no todas las bicicletas llevaban bombín.. Claro que si no lo tenías a mano y estaba el taller de Teodorín cerca, ibas al taller y la hinchabas con unos bombines que apoyabas en el suelo y dabas aire.

Papá había comprado la bicicleta porque la necesitaba para ir a Villafranca, a la Banca de la Viuda Nicolás González a pagar alguna letra pendiente o para visitar el caserío de Valdaiga, herencia de sus padres, que él gestionaba.

El camino para llegar al caserío, desde Villfranca, nacía detrás de la discoteca de “Panchi” que entonces no existía y era un camino imposible, pedregoso y con baches que él recorría como buenamente podía.

A veces nos llevaba con él, a mi hermano y a mí, uno en el portabultos y el otro en la barra, un lugar incómodo, que casi siempre ocupaba yo.

Al llegar al casar de Valdaiga -ya sin nuestros abuelos- solíamos revolcarnos entre la hierba, cuesta abajo en un prado que nacía al borde del camino y llegaba, cincuenta metros más abajo a un riachuelo sin agua y, a veces, en su tiempo, saboreábamos unas espléndidas moras de árbol que crecía en los aledaños del caserío o bebíamos agua de un manantial cercano que bajaba de la montaña

El paisaje que podía contemplarse desde allí, era impresionantemente hermoso, rodeado de montañas plantadas de castaños, en donde, en invierno, seguramente, habitaban los lobos.

En el establo del caserío, durante la guerra, papá se había ocultado de falangistas y de guardias civiles que, de cuando en cuando se acercaban hasta aquella lejanía. Y se había ocultado en un agujero practicado en el suelo, que, durante el día estaba oculto por la paja y tenía una portezuela que, por la noche quitaban y él salía a respirar aire puro y contemplar el titilar de las estrellas que se columpiaban sobre las montañas.

Yo aprendí a montar en bicicleta, muy temprano, muy niño. No llegaba al sillín, como mis amigos, y nos manejábamos metiendo una pierna por debajo del cuadro haciendo equilibrios y bajábamos, sin dar pedal, desde el cine a la Plazoleta de la Estación, usando, a última hora, los frenos. Cuando ya manejaba la bicicleta, subía y bajaba la carretera, pero, un día, al bajar, a toda velocidad -o sin frenos- me estrellé contra la pared del Café de Juan García o sea en la casa que hace esquina a la calle El Pumedo en donde hoy abre sus puertas un Bar.

Recuerdo mi primera excursión en bici, ya montado en el sillín, que se acoplaba a mi estatura. Fue el día que bautizaron a José Luís Gómez, el hijo de Avelino , el barbero y de Josefa. Aquella tarde, como todos estaban ocupados con el banquete, por la carretera pedregosa y polvorienta que era la carretera de Villafranca, llegué hasta la villa del Burbia y, desde allí a Cacabelos y de Cacabelos a Toral. Fue una emocionante aventura y el descubrimiento de nuevos paisajes y una plena sensación de libertad. Después ya pude aventurarme por otros caminos, como el del puente colgante para llenar las carteritas de cuero con moras o con membrillos.

Fue aquella una época hermosa de la que guardo entrañables recuerdos y de la que, naturalmente, siento nostalgia como la siento de los domingos en que íbamos a explorar las Arcillas o a jugar al Fútbol en el Lago. Diré algo de las bicicletas de mujer que no tenían cuadro o sea, iban sin barra y eran más pequeñas que las bicicletas de hombres . Llevaban una especie de cortinilla en la rueda trasera para que el vestido de la moza no se enredase en los radios.

Más tarde comenzaron a llegar a Toral las “mobylettes” o bicicletas con un pequeño motor que ayudaban a subir las cuestas y que eran muy usadas

por los productores de Cosmos. Tuvieron un éxito inmediato, silenciado por las primeras motos “TERROT” “OSSA” “ISO “ o vespas Y Lambrettas que el cine puso de moda. (De las vespas se decía que la palabra Vespa quería decir Villaverde Estraperla Sin Pagar Aduana, porque la Vespa venía de Italia

Yo creo que aquellos años de mi niñez fueron felices, sobre todo, cuando montaba en la bicicleta azul de papá.

My Sweet Lord

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HARRISON-CHIFFONS

Tras la separación del cuarteto de Liverpool y el comienzo de sus carreras en solitario fue George Harrison en noviembre de 1970 el más madrugador a la hora de debutar como solista con la publicación por Apple Records del que sería el primer álbum triple de la historia “All Things Must Pass”. Posiblemente esta posición de salida no respondió a algo casual, sino que fue motivada por las ganas que tenía de mostrar su valía como compositor después de haber ocupado un papel de segundón tras el tándem Lennon-McCartney.

En este álbum sobresalió de manera estrepitosa “My Sweet Lord”, el primer sencillo de este trabajo, que pronto alcanzó la cima en las listas tanto en Estados Unidos como en Inglaterra consiguiendo además 6 discos de platino. La revista Rolling Stone la situó en el puesto 454 en su lista "Las 500 mejores canciones de todos los tiempos".

Nació como una idea con cierto aire gospeliano tipo “Oh Happy Day” de Edwin Hawkins para ser incluida dentro del álbum “Encouraging words” de Billy Preston con quien Harrison estaba colaborando en aquel momento, pero finalmente le gustó como quedaba la canción y decidió adaptarla a su estilo y grabarla también en su primer disco como solista.

Motivado por las influencias del hinduismo, fue escrita como alabanza al dios Krishna, sin embargo se consideró un canto religioso con tendencias un tanto ambiguas entre el hinduismo y el cristianismo, donde se repiten coros con aclamaciones judío-cristianas (Hallelujah) mezcladas con partes de mantras hindúes (Hare Krishna).

El misticismo, espiritualidad y tranquilidad que transmite la canción hizo que se convirtiese en un reclamo para un tiempo donde se preconizaba el lema “Paz y Amor”. De esta época de triunfal destaca el primer concierto benéfico de la historia que fue promovido por Ravi Shankar y George Harrison a favor de los refugiados de Bangladesh y celebrado en el Madison Square Garden de Nueva York en agosto de 1971, donde la interpretación de “My Sweet Lord” fue aclamada como un himno.

La paz y tranquilidad que proyectaba esta canción tuvo su fin cuando en 1976 la compañía Bright Tunes Music Corp. demandó a Harrison por plagio, debido a una violación de los derechos de autor, ya que supuestamente imitaba a la canción “He’s So Fine” escrita por Ronnie Mack (1962) e interpretada por The Chiffons, esta canción había tenido cierto éxito en Estados Unidos llegando a ocupar los primeros puestos de las listas durante cinco semanas.

Así comenzó la interminable y enrevesada historia judicial en la que en una primera fase se decretó que era obvio que ambas canciones eran virtualmente idénticas y aunque no se había utilizado de manera consciente la melodía de “He’s So Fine”, se declaró en contra de Harrison por plagio inconsciente. Esta sentencia dio paso a una segunda fase del juicio donde se tenía que concretar el valor de los daños. Se determinaron las ganancias de la canción en los 5 últimos años que ascendieron a 2.155.028 dólares y sobre este total el Juez sentenció que las 3/4 partes del éxito de “My Sweet Lord” se debieron a que la melodía había sido plagiada y la cuarta restante al prestigio de la figura del exbeatle y a la nueva letra. Resumiendo: total a pagar 1.599.987 dólares.

Esta polémica no terminó aquí y le acompañó durante varios años hasta que finalmente en 1990 adquirió todos los derechos de ambas canciones y puso fin así a esta amarga historia.

El 2002 My Sweet Lord volvió a llegar al número uno de las listas del Reino Unido debido a la reedición del disco que se publicó tras la muerte de Harrison.

De esta canción he grabado varias versiones y ésta que presento es el resultado de una mezcla de todas ellas.

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LAS PAELLAS DE FRANCISCA FERNANDEZ, LA “FARRUCA”

toni- cabalgamos

LA COCINA LITERARIA DE ANTONIO ESTEBAN

la farruca [Resolucion de Escritorio]Francisca Fernández, más conocida por la “Farruca” había nacido en Friera, una aldehuela a los pies del río Selmo en donde Paco Tagarro, cura, tenía casa parroquial. Pero, posiblemente, Paco no conociese a Francisca ni Francisca a Paco.

La “Farruca” o sea Francisca nació en mil ochocientos setenta y cuatro -siglo diecinueve- y trabajó, prácticamente, durante toda su vida en la Fonda Regueiro o, al menos, desde que la Fonda de Regueiro abrió sus puertas . Murió el veintitrés de Mayo de mil novecientos cincuenta y cuatro a los ochenta años de edad. A esa edad nada le impedía, aún, cocinar para Jefes de estación, Factores de Pequeña o de Gran Velocidad, viajantes de bisutería o canónigos de Astorga con zapatos de hebilla de plata en busca de vocaciones y que siempre fueron personas de abundante mesa.Antonio Cristalino-la farruca-Adelino-Jeronimo

Un canónigo, en cierta ocasión, me dijo, delante de un plato de albondiguillas en salsa, cocinadas por la “Farruca”. “Toñito, que el Señor me perdone -se santiguó- pero en esta bendita casa se come como Dios”.

“Farruca” es sinónimo de Francisca y el Diccionario Xerais da Lingua Galega -el gallego se habla en El Bierzo- dice que la palabra “farruca” significa valiente y, por proximidad, fuerte, de buena salud o persona de edad que se conserva muy bien. Y, en español -Diccionario del Estudiante- “persona insolente”. Puede, según el Diccionario, usarse también para nombrar un cante andaluz de aire melancólico, pero no es este, el caso.

Yo no sé si por este u otros motivos a Francisca se la conocía por el nombre de “Farruca”.

Francisca, en la Fonda de Regueiro, cocinaba, sobre todo, comidas caseras, pero, su especialidad era la paella, una paella distinta a la típica paella de mariscos. (También podía cocinar una merluza a la

gallega, patatas con carne, albóndigas en salsa, higos en almíbar o galletas de nata con almendras).

-Para hacer una paella -explicaba- se coloca, naturalmente,. la paellera al fuego de leña. Se echa aceite y se le quita el rancio con una miga de pan empapada en vinagre. Se pela una cabeza de ajo, se trocea y se pone a freír y, cuando estén dorados el ajo y el pan, se retiran y se fríe un pollo troceado. Una vez frito, se saca del aceite y freímos una anguila, también troceada y, mientras tanto, en un recipiente distinto habremos cocido habas, alcachofas y caracoles, estos, previamente limpios. Cuando termine la cocción, se mezcla el agua con el aceite y en el caldo resultante, sazonado con sal y azafrán, se cuece el pollo. Cuando comience a estar en su punto, añadiremos el resto de los ingredientes, a excepción de la anguila, echando arroz, en la misma proporción, pero, siempre, en la medida de una tacita por dos de agua. Avivamos el fuego y procuramos que el guiso cueza a borbotones. A medio cocinar el arroz, se le añade la anguila y un poco antes de llegar a su punto, se retira del fuego, se coloca la paellera sobre el rescoldo y dejamos que el arroz termine de hacerse.

La “Farruca” era experta en muchos otros platos -queda dicho- pero, quizás el que más fama le ha dado y por el que se la recuerda , es por la paella.

¿Declaró o no la independencia?

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Cataluña

Escribo esto unas horas antes de que el President de la Generalitat conteste al Presidente del Gobierno. ¿ Declaró o no la independencia?

No sé (todas) las noticias que os llegan. Tengo que decir que, lamentablemente, la cobertura que está haciendo la televisión pública me parece lamentable. Algunas televisiones, como La Sexta, han dedicado especiales para cubrir o bien el 1 de octubre o la sesión en que se iban a proclamar los resultados del "referéndum". El clima, en todo caso, es de tensión.

Estamos preocupados, no voy a disimular. Y aunque no hable por todos, eso es obvio, sí puedo hacerlo en nombre de muchas personas que llevamos un par de semanas (como mínimo) angustiados.

La angustia comenzó hace dos semanas. Hasta entonces, el conflicto se dirimía en el plano institucional. Que si convoco un referéndum, que si lo voy a impedir… El día 1 algo cambió. El conflicto salió brutalmente a la calle. Me cuento entre los que no están a favor de la secesión pero el 1 de octubre fue una jornada tristísima. Nunca imaginé que para impedir el pseudoreferendum se echara mano de la coerción física. Y no, no fue eso lo que lo impidió. El referéndum estaba invalidado en el momento en que no había garantías legales, la administración catalana se hubo mostrado absolutamente parcial, no había habido campaña electoral ni era posible el reconocimiento por parte de nadie de los que cuentan en España, Europa y el mundo. Pero por lo visto, eso no bastó.

Las imágenes de personas escaleras abajo nos produjeron terror a muchos de nosotros, que esperábamos una reacción más civilizada por parte del ministro del Interior y de los mandos al cargo de Policía Nacional y Guarda Civil. Agrediendo a mujeres, ancianos, ¿Qué se pretendía? ¿ Provocar el miedo? ¿ Aleccionarnos? ¿ Contra quienes blandían papeletas? ¿ Hemos perdido la cabeza? Somos ciudadanos, no animales. ¿ Eso es lo que el Gobierno de España no ofreció ese día? ¿ No existe una propuesta más seductora que hable de la pertenencia a un espacio de derechos más grande, a España, a Europa?  ¿ Un discurso que nos permita desmentir los cuentos que muchos se han acabado creyendo? ¿ Que hable de las mayores oportunidades si caminamos juntos? ¿ Un relato que permita convencer a la inmensa mayoría de catalanes de que merece la pena luchar por una Catalunya mejor en el marco de una España diferente?

No espero demasiado de lo que diga Carles Puigdemont mañana,  ni de los partidos que apoyan el Govern de la Generalitat actual. Creo que el nacionalismo es una ideología bastante reaccionaria y uno de los mayores peligros que acechan a Europa. Me parece delirante que algunos crean que España es un invento de Franco o que la izquierda antisistema se haya aliado con un partido conservador y nacionalista. Comparto la idea de que el imperio de la ley da la razón al Gobierno de España pero no basta sólo con la aplicación de ésta. Y menos si, por el camino, tenemos que dejarnos imágenes lamentables e impropias de un país civilizado. No lo merecemos. No lo merece nadie. Me avergüenza. Debería avergonzarnos. A todos.

comercio, cataluña independiente, proceso ilegal,

UNA EXPLOSION INCONTROLADA

toni- cabalgamos

MEMORIA DE TORAL

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Yo, a José Luis García, -“Piruli”- hijo de José y de Mercedes y hermano de Maite, no lo veía desde los años sesenta del pasado siglo. Nos encontramos en Junio de 1976, hace cuarenta y un años, por casualidad.

“Piruli” había hecho oposiciones para ingresar en un Banco -BBVA- cuando el BBVA era, sencillamente, Banco de Bilbao y, merced a sus esfuerzos -a los de “Piruli”- y a su sabiduría contable, llegó a dirigir la sucursal de Monforte de Lemos, a orillas de Cabe, aunque, en aquel momento, eso lo ignoraba.

Vayamos a mis recuerdos: en las primeras elecciones democráticas, después de una larga noche de piedra como escribiera un poeta, yo ejercí como Jefe de Prensa de la extinguida UCD en aquellas elecciones y llegué a la villa del Cabe que es el río que baña a Monforte, en donde se celebraría el último -o uno de los último- mitin de la campaña y como era natural y lógico y obligado, después del mitin, se obsequiaba a las autoridades de la población y personas de una cierta relevancia social, con un ligero refrigerio en un establecimiento importante y en este caso fue en el Hotel El Castillo.

Cada uno de los presentes hicimos grupo con gentes afines que habían acudido al ágape y bien sabido es que, a estos eventos, suele acudir gente que no acudió a escuchar los aburridos discursos de los políticos de turno.

Yo me acoplé -uso la palabra acoplar porque no encuentro otra más oportuna- a un pequeño grupo -tres o cuatro personas- que departían amigablemente. Muy pronto, de aquellos contertulios se retiraron varios y me encontré, mano a mano con un hombre culto, más o menos de mi edad, muy rubio, casi albino que degustaba placenteramente un vaso de Ribeiro.

Noes usted gallego ¿verdad?. O, por lo menos el acento no es gallego -dije-

-No -respondió- y usted tampoco ¿no es así…?.

-Exacto. No lo soy. Soy de la provincia de León.

-¡Qué casualidad—¡ También yo soy de León, pero llevo en Galicia muchos años. Aquí me casé y aquí vivo.

-Y ¿de qué parte de León es …? -pregunté.

-Berciano. Soy berciano. De un pueblo cercano a Ponferrada que usted tal vez no conozca o no haya oído hablar de él..

-Siguen las casualidades -dije- También yo soy de un pueblo cercano a Ponferrada: Toral de los Vados.

-¡Joer…¡ -interrumpió- ¡Si yo soy de Toral…¡

-Y ¿qué hacemos aquí tratándonos de usted…? -dije yo, por decir algo- Y -rápidamae te- ¿de quién eres hijo…?.

-Mi padre pertenecía a la Renfe. Había perdido una pierna al enganchar unos vagones y le dieron, para compensarle, la cantina de la Estación.–Entonces…¡Tú eres “Piruli…”¡ -dije- -.

Me miró fijamente.

-Y ¿tú, ¿quién eres…?.

-¡Me cago en la leche, Jose…¡ -le dije- pero ¿no me conoces?. Soy Toñito, el de América.

No dijimos nada más. Nos abrazamos como dos viejos amigos que éramos o que seguíamos siendo y seguimos dialogando y recordando aquellos hermosos días azules de nuestra infancia cuando jugábamos en la Plaza de la Estación en las plácidas noches del verano a “Patada al bote” o “Tres navíos en el mar” o en la galería acristalada de mi casa en donde reproducíamos las batallas en las que había intervenido su abuelo, en Cuba, y, faltos de pan, comíamos galletas, como hicieron los españolitos en el noventa y noche en su lucha contra los mambises cubanos.

El Ouiosco de Emiia (4)Disparábamos con fusiles de madera, que escamoteábamos a mi padre, en el comercio de juguetería o imitábamos la velocidad de un coche, tomando como volante, una rueda, anclada a una mesa y que servía para mover una devanadora que usaba mi madre para devanar -valga la redundancia- los hilos de lana de una madeja y así imitábamos a Jack, Bill y Sam, tres policías federales del FBI cuyas aventuras, editadas por “Rollan” leíamos, semana tras semana, compradas en el kiosko de la Rolinda.

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Y, hablando de estas aventuras llegamos a otra anécdota en la que habíamos participado juntos…

-¿Recuerdas -me dijo- aquella vez que encendí una cerilla en los servicios o váteres de la estación?.

-Claro que me acuerdo. Yo estaba recogiendo hojas del moral que aún existe, para los gusanos de seda. Tú, mientras tanto, porque no tenías gusanos de seda, te dedicabas a olfatear el zotal con el que limpiaban los servicios y que era un olor que aún conservo en mi pituitaria

-Pues aquel día -dijo- yo quería saber por qué olía tan mal o tan bien, para nosotros, los inodoros ya que el zotal era un olor intenso que se metía en la nariz y cogí una caja de cerillas de la cocina de mi madre y me acerqué a los servicios… Encendí la cerilla y la asomé al agujero y entonces, jajajajaja, ocurrió la explosión total y rotunda y toda la mierda llegó hasta mi cara. Fue algo tremendo, además del susto que me dejó sucio de los pies a la cabeza. Los primeros que me vieron fueron Mella ¿te acuerdas de Mella?, aquel mozo de Estación gordo que andaba como balanceándose y Marcos, el hijo de Manuela, la frutera que me dijo: Te pasó eso por meter las narices en donde no tenías que meterlas. ¿No sabías que la mierda acumulada produce gases que al arrimar una cerilla explotan?. Pues eso es lo que te pasó.

PalancoLa explosión había sido fuerte, tan fuerte que salieron a la calle muchas personas: Llanes, con su pipa, los huéspedes de Casa Regueiro, los factores, el Jefe de la estación, los guadalhorces o vigilantes de la Estación como Palanco que siempre iba con su tercerola al hombro e, incluso dos guardias civiles que se encontraban de servicio. Todos se acercaron para ver qué había pasado. Algunos creyeron que la explosión había sido debida a una bomba , colocada en la estación por los huidos o sea, los escapados, pero lo peor del caso fueron los zapatillazos que mi madre me dio antes de cambiarme de ropa.

-Sí -dije- Ya sé a qué sabían las zapatillas de una madre. Eran muy hábiles golpeando en donde más dolía. Dejaban el trasero calentito.

Seguimos hablando durante mucho rato y desde aquel día “Piruli” y yo nos llamábamos por teléfono con frecuencia y recordábamos tiempos pasados.

Me enteré, años después, que había tenido problemas en el banco con un crédito no cobrado y que tuvo que buscarse un nuevo trabajo en La Coruña aunque, finalmente, regresó a Monforte de Lemos de donde era su mujer.

Se había quedado sordo y teníamos dificultades para hablarnos y yo le mandé el primer tomo de la Historia de Toral en la que aparece él besándose con Maruli.

Un amigo de Monforte -Germán López Quiroga- me dijo que había fallecido. No lo puedo asegurar porque Germán tampoco lo aseguraba ,pero, a buen seguro, si fue cierto, que allá en donde esté seguirá contando a sus nuevos amigos la historia de una explosión incontrolada en la Estación de Toral de los vados en donde su padre regentaba la cantina.

En la pasarela

En la pasarela

Fernando Fernández Sánchez

Inspirado en ‘El bosque’, del japonés Akutagawa, el autor Sánchez compone este relato poliédrico, con diversos puntos de vista y voces narrativas, que configuran esta historia criminal, en la que se contradicen las diferentes versiones que se dan del hecho acaecido en la pasarela del río Pormesga

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Declaración de la acusada, MR, interrogada por la Jueza Instructora en el caso del asesinato de la Ministra de Zopencolandia

-Sí, Señora Jueza, yo quise matarla. Pero no llegué a tiempo. Desafortunadamente, alguien se me adelantó. ¿Qué quién lo hizo? Yo no lo vi. Solamente le digo que la Ministra de Zopencolandia venía caminando por la pasarela que atraviesa el río Pormesga, y yo lo hacía en sentido contrario.

¿Si nos conocíamos? Sí, desde hacía tres años. Por ello, al cruzarnos nos detuvimos. Y le di a entender que, si no solucionaba la situación de abandono y persecución a la que sometía a mi hija OP en un breve plazo, mi intención era asesinarla. Ella, esbozando una forzada pero fingida sonrisa, me contestó que la decisión tomada era firme, y que no pensaba cambiarla.

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