UN EPISODIO DE LA SEMANA SANTA TORALENSE DE 1987

 

29/04/2010 — AF2

UN EPISODIO DE LA SEMANA SANTA TORALENSE DE 1987

Todavía recientes los actos de la última Semana Santa, creo oportuno recordar aquí la representación de una parte de la Pasión de Cristo que, en las mismas fechas, se realizó en Toral hace ya 23 años.

Hace ahora un año, se habló en esta página de las representaciones que, sobre el mismo tema, realizaba un grupo de toralenses hacia mediados de los años setenta, y de las que parece ser no se ha conservado ninguna foto. Por mi parte, sólo me acuerdo del esclavo que le llevaba el agua para que se lavara las manos Poncio Pilatos, quien a su vez era Don Julio. Al contrario de la aparente nula documentación de aquella actividad, he podido recuperar 43 fotos de la llevada a cabo en 1987, y considero que es justo que las comparta en este blog, principalmente para que las disfruten quienes entonces participaron en la misma.

Tal y como puede leerse en la noticia publicada por el Diario de León, la representación tuvo lugar el día 16 de abril, Jueves Santo, y había sido organizada como una colaboración entre la Asociación Cultural “Xesta” y el Grupo “Espéleo Casteret”. Mis recuerdos de los preparativos no son muy abundantes; estábamos en pleno curso académico y eso nos mantenía a unos cuantos de la Asociación sin pasar por Toral durante largas temporadas. No obstante, en una de mis visitas antes de la Semana Santa, se me comunicó que se iba a hacer esta representación, para la que yo tenía que diseñar un “pendón”. Naturalmente me quedé perplejo, porque no sabía lo que pintaba un pendón en todo aquello; una vez hecho el oportuno intercambio de comentarios, quedó claro que lo que se buscaba era algo parecido a un “estandarte romano” (que no pendón), y salió… lo que podéis ver en la foto.

Para el atrezzo, entre otras cosas, se utilizó tela y cordones de unos viejos cortinones, cartones forrados de papel dorado y papel de plata, maderos de la sierra y cepillos de barrer (creo que agotamos los que había en las tiendas del pueblo), pero no digáis que no quedaron unos romanos la mar de aparentes. Alguno de los trajes era “real”; me explico, el que lleva la Virgen es el que viste a la imagen de la Dolorosa, aunque costó convencer a Don Julio, que también quería sacarla en la procesión.

El itinerario fue el siguiente (podéis seguirlo en las fotos): al salir de la iglesia, hombres y mujeres tomaron direcciones distintas. Los primeros por la calle del Pumedo y a subir por la carretera hasta el cruce con El Ferradal; las mujeres por La Poza, La Raíz y El Teso hasta la carretera para llegar al cruce con El Ferradal donde se produce el encuentro entre la Virgen y Jesús. Se bajó por El Ferradal, con el episodio de la Verónica a la altura del cruce con El Lago; por aquí también entra en escena el Cirineo ayudando a llevar la cruz. Se sigue por la calle del Ferrocarril, Plaza de la Estación, carretera y de nuevo por El Pumedo hasta la iglesia, donde se lleva a cabo la crucifixión y el posterior descendimiento de la cruz.

Supongo que los actores y figurantes recordarán su participación en esta representación. Yo recuerdo algunos nombres, pero como no son todos mejor los omito para que vosotros mismos los reconozcáis. Tan solo me permitiré citar a Javi, quien desde el primer momento dijo que él quería hacer de Jesús, que era una de sus ilusiones y, llegado el día, no falló, allí estaba a la hora convenida; si fuera el caso, su actuación debería haberse llevado el primer premio.

Finalizo haciendo notar que si aquel episodio aislado hubiera tenido continuidad, hoy Toral contaría con la representación de la Pasión con más antigüedad del Bierzo, superando a la ya famosa de Corullón (http://www.la-cronica.net/2010/03/30/el-bierzo/corullon-20-anos-representando-en-vivo-las-ultimas-horas-de-cristo-74848.htm) que cada año organiza la Asociación Cultural San Esteban. Pero no es menos cierto que en la actualidad Toral cuenta durante la Semana Santa con otros actos igual de significativos.

Carlos Fernández Rodríguez

León, Abril de 2010

Fotos Semana Santa 1987

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MANUEL RODRÍGUEZ Y RODRÍGUEZ – UN RECUERDO EN SU CENTENARIO

carnet La Hora [Resolucion de Escritorio] MANUEL RODRÍGUEZ Y RODRÍGUEZ

UN RECUERDO EN SU CENTENARIO

Si la información que tengo no es errónea, este 23 de marzo se cumple un siglo del nacimiento de Manuel Rodríguez, motivo que he considerado oportuno para traer su recuerdo a este blog, aunque el lector atento ya habrá visto que de manera recurrente su nombre suele aparecer en muchas de las entradas que aquí se publican.

Lucense de nacimiento (de Santalla de Rei, en A Pobra do Brollón), su vida aparece estrechamente vinculada al Bierzo desde los años cuarenta del pasado siglo siguiendo a la berciana (toralense) que conoció en un baile en Caldelas de Tui y con quien se casaría en 1947, Mª del Carmen Prada Rodríguez. En esos años fue maestro en Villarrubín, a donde la primera vez tardaría tres días en llegar (acompañando al cartero), como él nunca se cansaba de recordar. En 1957 (pasando antes por Villafranca, Lugo y Cuéllar) pasó a ejercer en el que siempre consideraba su pueblo, Toral de los Vados, donde se instalaría de forma definitiva hasta su fallecimiento, también en un mes de marzo, en 2010.

No voy a relacionar ahora cargos, premios o distinciones que recibió a lo largo de su vida profesional y personal, aunque algún día habría que hacerlo; tan solo señalar que fue Director del Colegio, primer Presidente de la Asamblea de Cruz Roja de Toral o Alcalde de este Ayuntamiento desde 1968 hasta 1976. Atendiendo a sus propias reflexiones, este último cargo fue sin duda el que más sinsabores le produjo, e incluso ha dejado constancia de los desencuentros que tuvo con el alcalde que le precedió y que también le sucedió. Sin embargo, con todas las luces y sombras que quieran ponerse, durante su mandato se llevaron a cabo una serie de infraestructuras básicas para el pueblo: traída de agua y alcantarillado, pavimentación de calles, dragado de La Mata, construcción de un nuevo Colegio, urbanización del Campo de la Feria (incluyendo el tan recordado parque infantil), alumbrado público,…, que situaron a Toral entre los que mejores servicios tenían de la comarca.

Pero si algo quiero destacar hoy es su fomento por la lectura y su obra escrita. El primero tuvo su culminación con la inauguración en 1973, si no me equivoco también un 23 de marzo, de la Biblioteca Pública Municipal; acto que según me han comentado tuvo su pequeño hueco en televisión, en aquellos años en la que no había privadas y el segundo canal de TV tan solo se veía de vez en cuando. Biblioteca que no sé si debería llevar su nombre, aunque yo al menos sí creo que hizo méritos más que suficientes para que así fuera.

El evaluar su obra escrita es un trabajo arduo, en primer lugar porque no es fácil conocerla en su totalidad. Además de los tres libros propios (Etnografía y Folclore del Bierzo Oeste, Iniciación en Heráldica e Historia de Toral de los Vados), del recopilatorio de artículos seleccionados editado por el IEB (Una mirada al tiempo. 1966-1983) y de su colaboración en varias obras colectivas (como El siglo de León), su labor como articulista en la prensa alcanzó un nivel difícilmente imaginable. En los últimos meses he iniciado un proceso de recopilación de sus artículos, y cada día que pasa me parece que será difícil darlo por finalizado. Manuel Rodríguez no solo fue corresponsal y colaborador de los principales periódicos provinciales (PROA, La Hora Leonesa, Diario de Léon,…) y comarcales (Aquiana, Bierzo 7), sino que sus artículos también vieron la luz, desde momentos muy tempranos, en la prensa de otras provincias (como la ourensana o lucense), en las especializadas en la enseñanza (como EGB) o incluso en las publicaciones de asociaciones culturales (Vagalume), colegios (Garabatos), ayuntamientos y muchos más. Creo que sería más sencillo decir dónde no llegó a salir publicado algún artículo suyo.

Su legado es ingente. Sus artículos se ocupan desde temas de interés general, especialmente de los relacionados con la juventud y la docencia, hasta los más específicamente bercianos. Y entre estos últimos destacan dos: sus reivindicaciones de mejora para el Bierzo Oeste, que tan bien conocía, y su continua defensa de Toral como centro neurálgico del Bierzo. Sus artículos sobre Toral constituyen la mejor fuente de información para la historia reciente de nuestro municipio, y avalan de forma más que suficiente el que en 1991 fuera nombrado Cronista Oficial de Toral, ya que sin duda ejerció como tal. Labor de cronista que, si no de forma oficial sí al menos oficiosa, ha seguido realizando AF2 en este blog, y justo es también reconocerlo.

No me extenderé más (aunque está claro que podría hacerlo). Para finalizar os dejo está descripción que de Manuel Rodríguez publicó en 2006 su amigo, y también colaborador en este blog, Antonio Esteban González.

Recoges tu corbata y tu maleta
y te pones el mundo por montera,
maduro por adentro y por afuera.
Le pusiste a Toral una etiqueta
que para mi, Manolo, yo quisiera

porque ahora, ya ves, eres nuestro.
Porque fuiste, Manolo tan maestro
que hasta eres de su pueblo su cronista.
En el arte de la pluma eres diestro.
Permíteme que insista y que insista.

Cronista y cronista de Toral.
¡Qué maravilla ¡. ¡Tanta Historia
en la crónica diaria y no oficial
de tu limpia, Manolo, trayectoria
tan sutil, tan sensata y tan cabal…¡

Deja, pues, que haga mi homenaje
entre tus blasones aún con brillo;
que te pase, manolo, un cepillo
porque llevas, maestreo gran bagaje:
no te entra el corazón en el bolsillo.

     

    Carlos Fernández Rodríguez

    León, Marzo de 2016

    Mª Luisa Ucieda Gavilanes – Maestra de Toral

    Toral_128 [Resolucion de Escritorio] [Resolucion de Escritorio] Mª Luisa Ucieda Gavilanes – Maestra de Toral

    “Aquí entré silenciosamente y así deseo salir”

    Modestia, generosidad, humildad, sencillez, dedicación,… parecen ser los términos que definen la vida profesional de esta mujer, al menos son los más utilizados por los que fueron sus compañeros durante el tiempo que desarrolló su labor docente en las primeras etapas de la enseñanza y también, por lo visto en los comentarios de este blog, por quienes fueron sus alumnos.

    Natural de Campo, junto a Ponferrada, fue la mayor de nueve hermanos. Inició sus estudios en León (en las Carmelitas) y los continuó en Lugo, acompañando a su familia. La vocación del magisterio pudo haberla heredado de su padre, y su primer destino en Medina de las Torres (Badajoz) estuvo vinculado a la presencia de aquél en el instituto de Zafra. Mª Luisa ejercería allí como docente durante 19 años, etapa que transcurrió entre los años 1927 y 1936. El golpe militar la sorprendió de visita familiar en Madrid, y su reacción fue ir al Ministerio para solicitar un destino donde seguir realizando su trabajo. Durante la guerra ejerció primero en un colegio de Carabanchel, hasta su destrucción por el ejército sublevado, y después se trasladó a Valencia, siendo nombrada responsable de la Colonia del Perelló, centro que también sería destruido en un bombardeo. Desde ese momento hasta el final del conflicto armado trabajó en el Sanatorio Infantil de Oliva.

    Tras la guerra, y supongo que pasado el consiguiente expediente de depuración, ejerció en Béjar (Salamanca) para finalmente, en 1954, llegar a Toral de los Vados, cerca por tanto de su casa natal en Campo. En Toral ejerció hasta su jubilación en 1973, primero como maestra y, tras la unificación de los colegios masculino y femenino, como directora del grupo escolar. En total, 46 años de dedicación intensa y exclusiva (permaneció soltera) a la docencia.

    Con motivo de su jubilación, el Ayuntamiento acordó solicitar para Mª Luisa Ucieda su ingreso en la Orden de Alfonso X el Sabio, así como realizarle un homenaje en el que participarían los maestros de la comarca. Pero ella se negó, no facilitando ni tan siquiera los datos necesarios para incoar el expediente. Su explicación fue simplemente la frase con la que he subtitulado esta colaboración; si había otros motivos, su discreción hizo que se los callara.

    Copia de nuevo-10.jxxxpg [Resolucion de Escritorio] El 17 de abril de 1983, diez años después de su jubilación, el colegio de Toral organiza un acto homenajeando al recién jubilado maestro Manuel Rodríguez y Rodríguez y a la antigua directora Mª Luisa Ucieda. Se había decidido que a partir de entonces el colegio llevaría el nombre de su antigua directora, y así figuraba en la placa que ese día se descubrió. Cuando años después Mª Luisa recordaba este hecho, seguía manteniendo sus mismos principios y una idea fundamental, era ella la que tenía que estar agradecida por habérsele permitido desarrollar su trabajo: “Se lo debo todo a mis compañeros, a mis alumnos, a los padres de alumnos y a todas las autoridades que han querido hacer esto. De todos ellos he recibido pruebas de amistad y cariño…, todo el mundo se ha volcado conmigo y nunca les estaré lo suficientemente agradecida”.

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    He intentado hacer una breve síntesis de la trayectoria profesional y personal de Doña Mª Luisa a partir de los datos que de forma rápida he podido recoger en estos últimos días. Espero que quienes la conocieron puedan recordarla aún más y que quienes no tuvieran esa suerte sepan los motivos por los que en su día se decidió ponerle su nombre al colegio de Toral, hecho que por sí solo debería ser suficientemente relevante de la calidad humana y de la capacidad laboral de esta mujer.

    En relación con la noticia que nos transmitió AF2 de la modificación del nombre del colegio no voy a decir que me haya sorprendido, pero sí entristecido… una vez más. En estos años he venido haciendo referencia a sucesos similares en este blog, quizás no de la misma trascendencia ad personam, pero sí en relación con aspectos de la historia de nuestro pueblo. El primero fue la eliminación de la placa de homenaje a la naturaleza que había junto a la iglesia; el responsable del equipo de gobierno municipal me aseguró que se repondría… hace ya diez años. Luego hemos pasado por el cambio del nombre del municipio, con opiniones discordantes (todas ellas respetables) pero aludiendo a unos motivos que, cuando menos, resultan inconsistentes y, por supuesto (como se hace hoy en día en política) sin contar con la opinión de los afectados. Más recientemente hemos asistido a la decisión, de nuevo unilateral, de saltarse otro antiguo acuerdo municipal (como el nombre del colegio) y no asistir al turno de ofrenda a la Encina (mejor no recordar la disculpa). Y casi mejor prefiero no seguir.

    Son dos los argumentos que conocemos para la modificación del nombre del colegio:

    · La denominación CEIP María Luisa Ucieda Gavilanes generaba problemas administrativos al confundirse con una persona física y no con un centro.

    · Mª Lusia Ucieda no era conocida por la mayoría de la gente.

    Me hubiera gustado que el cambio respondiera a argumentos (¿disculpas?) más consistentes. No entiendo el primer problema (CEIP significa Centro de Enseñanza Infantil y Primaria, si no me equivoco), y la naturaleza del Centro podría haberse resuelto de distintas maneras, como simplemente añadiéndole “Público” antes del nombre: CEIP Público María Luisa Ucieda Gavilanes de Toral de los Vados. El segundo motivo, indicando que Mª Luisa Ucieda no era conocida, mejor no lo comentaré, pero lo considero muy desacertado.

    Entiendo que la Corporación municipal es consciente de que este modo de actuar, haciendo modificaciones sin amplios consensos con los vecinos, se puede repetir en el futuro y nos toque asistir a nuevos cambios que afecten a lo realizado en estos últimos años, sin que en ese momento para nada sirva esgrimir, desde el ámbito político, argumentos que justifiquen el mantenimiento de lo ahora acordado.

    Es una lástima pensar que si bien Doña Mª Luisa, por su propia voluntad, un día salió silenciosamente de Toral, hoy se haya silenciado su nombre, su recuerdo, contra la voluntad de lo que un día decidieron las personas de este pueblo.

    Carlos Fernández Rodríguez

    León, Enero de 2016

    TORAL Y LA LOTERÍA DE NAVIDAD

    TORAL Y LA LOTERÍA DE NAVIDAD

    Siempre decimos que las Navidades son para los más pequeños, quienes sin duda con más ansia esperan los típicos regalos de estas fechas. Sin embargo, no es menos cierto que los más mayores -o menos niños- también aguardamos estos días con una ilusión en muchos casos difícilmente contenida, siendo el primer objetivo (y muchas veces el prioritario) el sorteo de la lotería que tiene lugar el día 22 de diciembre. Aun cuando la variedad de juegos de este tipo se ha multiplicado en los últimos tiempos (lotos, quinielas, cupones, etc.), no cabe duda que la Lotería de Navidad sigue siendo la preferida por un mayor número de personas, a pesar de no ser la que más premios reparta. Y es que la tradición, o la costumbre, tienen en muchas ocasiones más influencia que la misma lógica.

    Si bien desde 1763 se celebraron sorteos con un sistema similar al de la actual primitiva, el primer sorteo de lotería moderna, tal y como la conocemos, tuvo lugar en 1812, aunque será en 1892 la primera vez que se mencione el Sorteo de Navidad. Desde sus inicios, la lotería se ha visto como una opción real y directa para resolver la mayoría de nuestros problemas (al menos los de tipo económico), por lo que el volumen de dinero jugado se incrementa de manera constante e incluso tiende a acentuarse en momentos de crisis.

    No sé cuándo llega la lotería hasta Toral por vez primera, pero debemos tener presente que hasta el siglo pasado este pueblo no era ni mucho menos un lugar de economías solventes, identificándose la mayoría de sus habitantes con familias de escasos recursos monetarios. La adquisición de lotería, por lo tanto, no podría ser, en el mejor de los casos, más que muy limitada; a lo que habría que añadir la casi segura problemática de tener que desplazarse a núcleos de población más importantes para hacer efectiva su compra.

    Sin embargo, hay evidencias de que los emigrantes toralenses de fines del siglo XIX y principios del XX, quienes en sus destinos transoceánicos consiguen alcanzar habitualmente un nivel de vida mucho más desahogado que aquí, juegan a la lotería, siendo intermediarias en muchas ocasiones las diversas sociedades creadas por los propios emigrantes españoles.

    Así, y por poner un ejemplo, Severino Rodríguez Santín adquiere en 1922 participaciones del número 28371 al precio de 10 pesetas, que ofrece entre sus afiliados la Sociedad Española de Beneficencia de La Ceiba, en Honduras. Pero no del todo satisfecho también compra, ¡por 100 pesetas de la época!, un vigésimo del 19131 (cada billete de 2.000 pesetas se dividía en 20 de cien), número llegado desde una administración sevillana. Considerando que el primer premio ascendía a 15 millones, de haberle tocado el gordo, si mis cuentas no fallan, habría obtenido 750.000 pesetas.

    Pero al tratar de este tema en Toral resulta obligado referirse a la Lotería de Cosmos. Una tradición, dentro de otra tradición, tan presente en la memoria reciente del pueblo que ha llegado a convertirse en algo casi mítico. Hasta el momento no he podido documentar en qué año comienza esta empresa a ofrecerla entre sus empleados, pero en cualquier caso no resultaría extraordinario que fuera la primera en hacerlo teniendo en cuenta su papel predominante, y casi exclusivo, entre la industria local de la primera mitad del pasado siglo.

    Las referencias a la conocida como etapa de autarquía económica española tras la Guerra Civil, que se extendió durante los años cuarenta e inicios de los cincuenta, en los que la carencia de productos básicos era habitual para un buen número familias, siempre tratan de ser evitadas por las personas que tuvieron que sufrirla. Los pocos recuerdos de un Toral gris, en una España también gris, son reflejo de los limitados momentos de alegría que se disfrutaban a lo largo de unos duros y monótonos años dominados por la escasez y por la necesidad; resulta por tanto lógico que no se quiera volver a recordarlos.

    De estos años me ha contado a menudo mi madre sus recuerdos de la lotería cuando aún era una niña. Mi abuelo le aseguraba que les iba a tocar, y con el dinero del premio se comprarían un ternero; por si a alguien le surgen dudas, la ilusión era la de poder comer carne todos los días… hasta que se acabara. Naturalmente las posibilidades reales de tener suerte resultaban muy distantes de las expectativas creadas, máxime si con el dinero disponible tan solo se podía jugar una participación en el número de Cosmos.

    Hoy, muchos años después, las necesidades parecen otras, y todos aquellos afortunados a quienes les sonríe la suerte con el gordo aseguran que dedicarán el dinero a tapar agujeros, como si nuestro mundo se hubiera convertido en un gigantesco queso gruyere (lo que, por otra parte, puede estar muy próximo a la realidad).

    Pero las esperanzas de unos siempre han generado la picaresca en otros, y Toral no parece haber sido ajeno a estafas relacionadas con la lotería. En 1955, unos días antes del sorteo de Navidad, la Guardia Civil detiene a José Luis M. del V., “empleado de una empresa” (lo que me hace pensar en Cosmos), quien se dedicaba a vender participaciones del nº 17361 sin los correspondientes billetes de resguardo.

    Las sospechas surgidas entre algunos de sus propios compañeros, que habían caído en el engaño, llevó a que estos mismos fueran los denunciantes del hecho. La investigación deparó el hallazgo de talonarios de participaciones por más de 3.000 pesetas todavía en poder del detenido, quien ya había logrado vender otras por una valor aproximado de 1.600.

    Al hablar de la lotería de Cosmos muchos pensarán en el 55320, e incluso se referirán al mismo como el número al que siempre se jugó en la empresa. Como hemos podido ver en las imágenes que acompañan este artículo, esta no ha sido la realidad, y durante bastante tiempo el número jugado variaba cada año.

    Conforme a los datos que me han suministrado (1), la primera vez que se juega al 55320 es en 1972, realizándose su compra en la administración de Fabero. Desde entonces y hasta mediados de los años noventa, momento en que se jubila el propietario, allí se encargó el número; a partir de la fecha indicada ha sido la administración de Cacabelos la responsable de conseguirlo. Un error en la petición del número por parte de la administración faberense provocó que un año de la década de los ochenta se tuviera que jugar al 55230; afortunadamente aquel sorteo no benefició al ya entonces número habitual, por lo que podemos recordar este hecho como una anécdota curiosa y no tener que calificarlo de “auténtica catástrofe” (al menos psicológica).

    En las últimas décadas se han incrementado de forma sustancial los negocios de Toral (al igual que los de cualquier otro lugar) que ofertan participaciones de lotería de Navidad entre sus clientes. Se haría muy extenso el tratar de ser minucioso con cada uno de los mismos y, además de faltarme mucha información para intentarlo, seguro que alguno se me olvidaría.

    De todos modos sí quiero destacar positivamente el esfuerzo que siguen realizando con la elaboración de estas participaciones, que mantienen viva una ya larga tradición de nuestra lotería. Algo que, por desgracia desde mi punto de vista, Cosmos ya no hizo el pasado año, perdiéndose una de sus clásicas señas de identidad.

    Entiendo que tanto el incremento del poder adquisitivo como el interés de la gente por hacerse con este número han favorecido la venta de décimos, y que además este tipo de distribución facilita la gestión del intermediario, no teniendo que responsabilizarse de la custodia de los décimos, como sucede en el caso de su venta en participaciones. Pero los décimos no reflejan su vinculación con la empresa, sino con la administración donde se adquieren, y de haberse actuado siempre así, este mismo trabajo, por ejemplo, habría resultado más difícil de elaborar y menos llamativo en la documentación que podríamos haber aportado.

    Seguro que los lectores tenéis más información y anécdotas que añadir a esta rápida revisión del tema tratado. Por mi parte finalizo, como no podría ser de otra manera al hablar de lotería, deseando que este año la diosa Fortuna se acuerde de todos vosotros.

    Carlos Fernández Rodríguez

    León, Diciembre de 2009

    (1) Mi más sincero agradecimiento por estas noticias a José Luis Díaz Mondelo, cajero en Cosmos desde inicios de los setenta hasta fechas recientes, y a Ángel Balboa por su labor de mediador.

    Colaboración publicada con anterioridad el : 17/12/2009

    Un artículo de Carlos Fernández contribuye de sobremanera a superar las 2000 vistas en el blog.

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    Un artículo de Carlos Fernández contribuye de sobremanera a superar las 2000 vistas en el blog.

    La colaboración, como a él le gusta llamarle, “17 de noviembre de 1936 – ¿El episodio más trágico de la Historia de Toral?” a influido de sobremanera para que este blog superase ayer las 2100 visitas en un día.

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    17 de noviembre de 1936 – ¿El episodio más trágico de la Historia de Toral?

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    17 de noviembre de 1936 – ¿El episodio más trágico de la Historia de Toral?

    “Don Elio Díez Mato, Comandante Médico de Sanidad Militar, con destino en la Comandancia Militar de Ponferrada.

    Certifico: Que he asistido al fusilamiento, en el día de la fecha, de los reos: Antonio Fernández y Fernández, Antonio del Valle García, Blas San Miguel Casín, César Fernández Santín, Diego Diñeiro Cuadrado, Dionisio Ferrero Aller, José Iglesias Silva, Serafín Iglesias Silva, Eduardo García Castañón, Vicente Franco Santín, Jesús Franco Santín, Julio Franco Santín, José Álvarez Ares, José Fernández Campos, Juan García García, Juan González Fernández y Rogelio Rallo Vega, y a presencia del Juez Instructor de la causa he reconocido a los fusilados que quedaron muertos a la primera descarga.

    Y para que conste y para acreditar su fallecimiento, cumpliendo lo ordenado, expido el presente que firmo en Ponferrada a diez y siete de noviembre de mil novecientos treinta y seis”.

    El 17 de noviembre de 2011, a las 6:30h de la madrugada, se cumple el 75 aniversario del fusilamiento en el paraje de Montearenas (Ponferrada) de las 17 personas antes citadas. Funesto desenlace del juicio militar iniciado dos meses antes.

    En su mayoría eran vecinos de Toral, exceptuando cuatro de Villadepalos (Diego Diñeiro, Juan González, Jesús Franco -de origen toralense- y Antonio Fernández) y uno de Otero (Juan García). En el cementerio de nuestro pueblo fueron inhumados doce cadáveres: los de diez vecinos de Toral (excepto Blas San Miguel y Rogelio Rallo) más Jesús Franco y Juan García.

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    Antonio Fernández- Antonio del Valle -César Fernández- Diego Diñeiro -Dionisio Ferrero

    De todos los encausados detenidos (ya que otro significativo número se encontraba en “paradero desconocido”), tan solo uno se libró de ser fusilado, Bernabé García y García, vecino de Otero, que fue condenado a cadena perpetua (pena que afortunadamente no cumpliría). De los que habían optado por la huida, algunos serían capturados con posterioridad, aplicándose también en algún caso la pena capital.

    A ninguno de ellos se le acusaba de “delitos de sangre”. Ni en Toral (ni en los pueblos de su entorno) se produjeron muertes de adictos al golpe militar durante los días posteriores al mismo. Sin embargo, esto no fue contemplado por los golpistas a la hora de instaurar un régimen de miedo, de terror, durante los días, meses y años siguientes.

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    José Iglesias- Serafín Iglesias -Vicente Franco -Jesús Franco-Blas San Miguel

    El supuesto delito del que se hacía partícipes a nuestros vecinos, al igual que en otras causas de aquellos momentos, era el de “rebelión” (también enunciado como auxilio a la rebelión o incluso rebelión militar). Sorprendentemente se les acusaba de haber permanecido fieles al orden legalmente establecido frente a los que sí se habían rebelado, se les culpaba de no haber apoyado el levantamiento militar, el típico “golpe de estado” que tan poco cuesta repudiar y condenar… cuando sucede en otros países. En todo caso, sí es cierto que se habían rebelado contra las propuestas de los sediciosos.

    El motivo inicial de este proceso judicial –el robo de explosivos en el polvorín de la cantera de Cementos Cosmos tras la sublevación militar de julio de 1936– pronto se convierte en una clara escusa para perseguir a los dirigentes sindicales y políticos de la izquierda toralense. Hay que reconocer la efectividad de Carlos Álvarez Martínez, Juez Militar encargado de dirigir la causa, para llevar a efecto los principios del golpe. El general Mola, en una de las Instrucciones reservadas dictadas a sus compañeros militares insurrectos con anterioridad a la fecha de la sublevación, indicaba de forma expresa:

    “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible a un enemigo fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de partidos políticos, sociedades o sindicatos desafectos al movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelga”.

    En nuestro caso, buena parte de los ejecutados (sin duda el más ejemplarizante castigo) se identificaba con estos objetivos: eran miembros de la Izquierda Republicana local (partido político perseguido con especial ensañamiento), José Iglesias, Antonio del Valle, Dionisio Ferrero y José Álvarez; formaban parte de la corporación municipal republicana de tendencia frente populista, José Iglesias, Juan García, Antonio del Valle y Dionisio Ferrero; ocupaba un cargo de Justicia municipal César Fernández; y eran miembros del ugetista Sindicato de Obreros del Cemento, Juan García, Vicente Franco, Diego Diñeiro, Antonio Fernández y Julio Franco. A los restantes inculpados también se les atribuyen vínculos con las organizaciones sindicales y/o políticas.

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    Julio Franco- José Álvarez -José Fernández -Juan González

    El análisis del proceso, sus antecedentes y los hechos que acaecieron con posterioridad no pueden ser objeto de análisis en una breve colaboración. Hoy únicamente he querido recordar a estas personas, como pequeño homenaje a unas víctimas de la sinrazón, del fanatismo y de la barbarie humana, a quienes ni se les permitió tener el más mínimo reconocimiento durante su entierro:

    “…sean trasladados los cadáveres de los expresados individuos directamente al cementerio […] donde serán inhumados, no debiendo celebrarse durante este acto manifestación pública ni privada de ninguna clase”.

    Recordar no es tener rencor, es una forma de intentar que no vuelvan a suceder anteriores errores. Recordar es, en ocasiones, enfrentarnos a fantasmas del pasado para, de una vez, vencerlos. Recordar a estas personas para mí hoy es un acto de justicia, aunque de ninguna manera sirva para pagar la deuda que el 17 de noviembre de 1936 se contrajo con ellos y con sus familias.

    “La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos” (Cicerón)

    Carlos Fernández Rodríguez

    Ponferrada, Noviembre de 2011

    Mi más sincero agradecimiento a todos los que han colaborado en este trabajo, y en especial a los familiares de aquellos a quienes hoy he querido recordar.

    Un inventario de la iglesia de Toral de 1663

    DSC_0534de [Resolucion de Escritorio]Un inventario de la iglesia de Toral de 1663

    La primera noticia que conozco de la iglesia de Toral es de un documento del año 1146 (Era 1184), en el que se recoge la venta por Sancha Suárez de una propiedad a su hermano Pedro Suárez y su mujer Loba Pérez. Entre los lindes se refiere literalmente “… ad carrera antiqua baselica Sancti Chistofori, discurrente aqua de Cua, subtus monte Ferrera”. La mención a una iglesia dedicada a San Cristóbal, junto al río Cúa y bajo el monte Ferrera (Ferreiras) no parece dejar lugar a dudas sobre su identificación con la toralense, que ha mantenido la misma advocación. La ubicación de aquella primitiva iglesia puede plantear más problemas, aunque no sería extraordinario que fuera en el mismo lugar donde se localizaba la destruida en 1936, parte de cuyos restos se integran en la denominada Capilla del Conductor, junto a la casa parroquial.

    Aun cuando encontramos nuevas referencias (e incluso algún pleito) en los siglos siguientes, poco o, más bien, nada sabemos de la estructura de este edificio eclesiástico ni de su contenido hasta fechas más recientes. El archivo parroquial conserva documentación sistemática desde el siglo XVII, correspondiendo a 1654 las primeras anotaciones del Libro de Fábrica más antiguo que se conserva, siendo vicario Francisco de Escalante. Aunque el registro básico en los Libros de Fábrica se corresponde con las cuentas anuales, también sirve para dejar constancia de otros aspectos significativos, entre los que se incluyen las Visitas que, en persona o por medio de sus representantes, efectuaba el obispo. Estas visitas pastorales tenían una doble finalidad: de control administrativo (estado de los bienes, cuentas, libros, objetos de culto, etc.) y de las personas (cumplimiento de los deberes religiosos por eclesiásticos y feligreses).

    clip_image004En mayo de 1662, llega a Toral como visitador D. Julio Ramos, chantre y canónigo de la catedral de Astorga (en ese momento en sede vacante), quien, entre otros mandatos, ordena que se realice un inventario de los bienes de la iglesia, lo que lleva a cabo en los días siguientes Antonio Santos de Sorriba, entonces cura en esta parroquial de San Cristóbal, proceso en el que le ayudan el mayordomo (también llamado Antonio Santos), Bartolomé de la Corredera y Antonio García, regidor de Toral.

    clip_image005El inventario (que no transcribimos aquí para no ser reiterativos con el posterior) debió de parecerle bastante incompleto al Dr. Juan Delgado, que en octubre del año siguiente (1663) viene a Toral como visitador, actuando en representación del obispo de Astorga D. Nicolás Rodríguez Hermosino. En consecuencia, procede a realizar uno nuevo que queda reflejado en el acta que se levanta de su visita en el Libro de Fábrica. La relación de bienes es la siguiente (los añadidos en texto plano son míos):

    Plata

    ·

    Un cáliz liso.
    · Un relicario donde está el Santísimo Sacramento.
    · Otro [relicario] de pecho. [en el inventario de 1662 se añade: con su cordón de seda para poner al cuello cuando se lleva su Divina Majestad a los enfermos.]
    · Tres otieras* con la cara de madera. [*creo que puede referirse a hostieras (hostiarios), cajas donde se guardan las hostias no consagradas. En el inventario de 1662 solo se computa una].
    Bronce y metal
    · Dos campanas en la torre.
    · Otra pequeña de tocar a Santos*. [*campanilla que se tocaba en la consagración].
    · Dos lámparas de alquimia*. [*latón, aleación de cobre y zinc]
    · Cuatro candeleros de lo mismo.
    · Un incensario de lo mismo.
    · Un caldero de cobre.
    · Un garabato* de la pila bautismal de hierro. [*instrumento con punta en semicírculo que sirve para agarrar o tener colgado algo).
    · Unos hierros* de hacer hostias. [*hostiario, formón]
    · Una cruz de las procesiones de alquimia dorada.
    Ornamentos
    · Una casulla* de damasco blanco con la cenefa colorada. [*vestimenta externa del sacerdote para celebrar la misa]
    · Otro de terciopelo carmesí la cenefa bordada de oro.
    · Otra de catalufa* de colores. [*tipo de tejido]
    · Otra de lienzo vieja.
    · Otra vieja de tafetán* azul. [*tela delgada de seda muy tupida.]
    · Un paño de difuntos de paño ventidoceno* con flecos de seda. [*se refiere al número de hilos de que consta la urdimbre]
    · Dos tafetanes* de cáliz. [*paños quizás utilizados para cubrir el cáliz]
    · Un frontal* de damasco verde usado. [*utilizado para decorar el frente de la mesa de altar]
    · Otro de lienzo pintado.
    · Otros dos de guadamací*. [*guadamecí: cuero decorado mediante pintura o relieve]
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    Ropa blanca
    · Tres albas* usadas. [*túnicas de lienzo blanco que usan los sacerdotes]
    · Cinco tablas de manteles*. [*se colocaban en el altar, sobre el frontal]
    · Cinco sábanas* usadas. [*también usadas habitualmente en los altares]
    · Tres toallas* usadas. [*con las que el sacerdote se secaba las manos tras lavárselas antes de celebrar la Eucaristía]
    · Tres tablas de corporales* con la que está en el sagrario. [*rectángulo de lienzo que se coloca sobre el mantel del altar para poner encima el cáliz]
    · Una pelliz* vieja. [*sobrepelliz: vestidura blanca y corta que se lleva sobre la sotana]
    Madera
    · Unos cajones nuevos donde están los ornamentos.
    · Una arca de la cera.
    · Otra donde se encierra el Santísimo Sacramento el Jueves Santo.
    · Unas andas de San Cristóbal.
    · Otras de San Juan.
    · Otras de difuntos.
    · Un atril.
    · Un banco.
    · Otro pequeño.
    · Un hachero* grande donde se pone el cirio pascual. [*candelero]
    Libros y aras
    · Dos misales viejos.
    · Un manual viejo.
    · Una tabla con las palabras de la consagración.
    · Este libro* y el de bautizados, casados y difuntos. [se refiere al de Fábrica]
    · Cuatro aras* con la que está en el sagrario. [*losa o mesa consagrada]

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    Como se puede apreciar, en el inventario falta, por lo menos, la relación de imágenes que debía haber en la iglesia. De forma indirecta (por las andas) podemos saber de la presencia de una de San Cristóbal y otra de San Juan; en el incendio de 1936 se destruyó una imagen de San Juan, que no podemos precisar si era la misma que había en el siglo XVII, y se pudo salvar otra “antigua del patrono San Cristóbal”, restaurada en 2002 y que por su factura bien podría corresponderse con la citada en 1663. En cualquier caso, se refleja una iglesia escasa en bienes, como debía corresponder a un pueblo como el de Toral en aquellos momentos, con poca población y no precisamente abundante en recursos.

    Una evaluación detallada del documento permite alcanzar distintas conclusiones, pero considero que no este lugar para extenderse más. Quedémonos por ahora con esta visión general de lo que había en nuestra iglesia de San Cristóbal hace ya 350 años.

    Carlos Fernández Rodríguez

    León, Noviembre de 2015