AYER FUE IGUAL QUE HOY…

cristina

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AYER FUE IGUAL QUE HOY…

Qué cómodos nos sentimos ante aquello que conocemos, pero cuánto anhelo por las nuevas sensaciones ¿Dónde nos marcamos los límites? ¿Realmente no queremos atravesar las fronteras de los que nos falta por experimentar?

El día a día de lo cotidiano nos aporta un bienestar incuestionable que se tambalea al escuchar que mi pariente lejano se he atrevido con una novedad infranqueable para mi, ¡por qué yo no voy a poder! El miedo al ridículo, a conocer que no eres capaz de hacer algo, a fracasar en un primer intento…, puede frenar nuestras iniciativas, ¿y si se convierte en un nuevo éxito disfrutable y que lo saborearé, lo contaré, lo enseñaré…?

El hacer lo mismo que ayer y no caminar por rutas desconocidas nos hace pasivos, y que vivir y revivir una y otra vez lo mismo nos hacer expertos de la monotonía.

Expertos de una monotonía sin innovaciones, sin riesgos, con prudencias y con muchas inseguridades, y son estas últimas las causantes de que ayer fue igual que hoy y muy parecido a mañana. Los innovadores, arriesgados e imprudentes, ¿han sido inseguros? Pues probablemente como los que más, pero unos inseguros decididos a los cuales su firmeza ha combatido los titubeos y las faltas de dudar de uno mismo. Y ahí los tienes, viviendo y dando vida a experiencias que nadie conoce más que ellos. Nos gusta soñar de cómo sería si no nos diese miedo…

Al fin y al cabo todas las personas han disfrutado de lo desconocido en algún momento, ya bien porque suena el reloj biológico, por el anhelo de ser un buen profesional, por no quedarse atrás en la pandilla,… y eso es lo que rellena los discursos de las anécdotas especiales vividas que se narran para mostrar a los demás de los que hemos sido capaces de hacer por conseguir lo que queríamos ¿Tenemos suficientes anécdotas? ¿Cuál es la siguiente que vamos a contar?

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Cristina Pérez

UN CASCO EN LA PUERTA

cristina

ssese [Resolucion de Escritorio] UN CASCO EN LA PUERTA

En una época, allá por siglos pasados cuando los vikingos libraban sus batallas y dejaban a sus esposas solas en sus hogares, era común ver las puertas de las viviendas presididas por cascos adornados con cuernos del hombre que ellas elegían como amantes ante la ausencia de los cónyuges, para que a su vuelta éstos entendiesen que había pasado demasiado tiempo fuera del lecho marital y ahora éste lo ocupaba el dueño del casco que lucía en la puerta. “Te han puesto los cuernos y tú lugar ya está ocupado por otro”, este es el mensaje que debían entender cuando vislumbraban la nueva decoración de la entrada de su casa. Actualmente se mantiene la expresión pero no los formalismos del anuncio, de hecho ese anuncio se oculta y los cascos se esconden bien para que no exista rastro de ellos por ninguna parte.

Las infidelidades persisten a lo largo de los siglos pero ha cambiado el modo de entenderlas. ¿Quizás los motivos sean los mismos? ¿Ocurren las infidelidades sólo cuando la persona abandona su hogar para librar otras batallas? De alguna manera esto se puede considerar cierto, cuando alguien desatiende la relación en la que voluntariamente se ha comprometido bien sea por dejarse llevar por una rutina, por una seria de inconvenientes con los que no se contaban, porque ahora el panorama está más “crudo” y no se puede permitir uno pasear el amor por tantas playas, restaurantes, tiendas y demás lugares que entretienen nuestro día a día, es posible que se detecte un nivel bajo de experiencias en el cuadro de mandos de las personas y el piloto rojo que se enciende en la mente haga que se muestre más receptivo a vivir experiencias y “morbosidades” que en otro momento surgían en el propio entorno sentimental.

Pero no se debe alarmar uno, al fin y al cabo las personas somos seres complejos y no todo se simplifica tanto, aunque en algunas circunstancias si es así, en muchas otras para que el piloto se active hace falta haber detectado más fallos en la máquina. Por lo que son más las causas de los devaneos sentimentales, entre ellas los valores de la sociedad y los de uno mismo, el ciclo vital de la pareja, la curiosidad de lo no vivido, las expectativas de la relación que se mantiene, y muchas más que pueden ser generalidades o individualismos de uno. ¿Por lo que, es la infidelidad un síntoma de que algo no funciona?

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Cristina Pérez

PERSEGUIDORES Y PERSEGUIDOS – CP1

cristina

nuevo-3 [Resolucion de Escritorio] PERSEGUIDORES Y PERSEGUIDOS

Existen cargos profesionales que dan a las personas cierto poder, y éste, representado en su conciencia les hace poseedores de cierta inmunidad subjetiva y con ello obtienen una “licencia” para actuar desde su posición de intocable. Esta invulnerabilidad hambrienta de reconocimiento lleva a las personas, predispuestas para ello, a alimentar su ego, ego que fundamentalmente se nutre de poder social, algo que traducido a la moral colectiva imperante en determinados círculos, se sirve en un buffet de platos fríos, y digo atemperados porque prima la racionalidad helada y no las vísceras emocionales que harían atormentar y echar para atrás decisiones inimaginables para las personas que conjugan razón y emoción en su día a día, incluso en la planificación de su propio sustento.

Es esa subjetividad engrandecida lo que da el poder de una actuación creciente en contra de lo que debería ser, y sumado a ese punto de vista más personal está el contagio que se ejerce: “Me veo Grande y Poderoso, por lo tanto me crezco, ¿cómo me ven los demás? Grande y Poderoso.” Y el paso siguiente es algo más cotidiano que vemos una y otra vez en cualquier interacción social, ¿quiénes están más rodeados, adulados y venerados? Los Grandes y Poderosos. Y dentro de una psique no corrupta, vulgar y sencilla, un día cualquiera se presenta la circunstancia de que se puede favorecer a ese grande y poderoso, ¡pues no lo dudamos! lo hacemos y además nos sentimos satisfechos de haberlo conseguido: “Acabo de servir a un Grande y Poderoso”, pensamos que pasaremos a formar parte de su lista cercana pero en realidad hemos hecho lo que hacen muchas personas a lo largo del día de ese sujeto Grande y Poderoso, lo que si podemos estar seguros de haber conseguido es de haber contribuido al aumento de ese tamaño y potestad.

No pretendo que esto suene como un ataque a la condición humana, sólo es una vasta descripción generalizada de cómo funcionamos. Y al fin y al cabo somos un sistema llamado sociedad, en el que las cosas funcionan porque a su vez funcionan otras, y así sucesivamente. Y en el momento que una pieza deja de funcionar la marcha cambia y adopta otra manera de proceder, en el momento que las personas más sencillas y nobles dejan de otorgar poder y grandeza, este círculo se rompe. Por lo tanto todos formamos parte del sistema y eso lo vemos en las repercusiones que nos tocan a todos, en mayor o menor medida. Lo que ocurre es que ahora se persigue a los Grandes y Poderosos, y el resto pagan la persecución.

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