LA LUBINA DE SU EXCELENCIA EL GENERALISIMO (II)

toni- cabalgamos

LUBINA02 [Resolucion de Escritorio]

LA COCINA LITERARIA DE ANTONIO ESTEBAN

LA LUBINA DE SU EXCELENCIA EL GENERALISIMO (II)

Me imagino, también, que Su Excelencia dijo a doña Carmen, posteriormente, cuando probaron la lubina que habían regalado a don Antonio González Trigo : “Carmina, -en Asturias a las personas que se llaman Carmen, les llaman Carmina y para Su Excelencia, llamar Carmina a doña Carmen no era frivolidad- que bien ha preparado la lubina, Trigo –

Franco llamaba a sus subordinados por el segundo apellido . Tienes que aprender la receta y que nos la preparen así en El Pardo

Yo creo que Su Excelencia no conocía la lubina a la leonesa, pero , para curiosos -y curiosas- diré que se prepara así:

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PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (XII)

toni- cabalgamos

juan [Resolucion de Escritorio]

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS   (XII)

El sargento Pérez Pineda se dirigió al guardia civil Carracedo que tecleaba, ininterrumpidamente en la vetusta “Remington” del cuartelillo.

-Anote, en papel aparte,:   -dictó-  investigar el apellido del llamado Daniel, carretero de Cosmos y el nombre del “Calistro” o “Calixto”. Y  no olvide, Carracedo, que “Calixto”, , se escribe con equis.

Miró, de nuevo, a Blas San Miguel.

-Siga usted.

-Creo recordar   -dijo San Miguel-  que había, en el grupo, un tal Pereira, vecino de Requejo.

-Tome nota, Carracedo: conocer el nombre de un tal Pereira de Requejo,  – dijo Pérez Pineda sin dejar de mirar a Blas San Miguel que tragó saliva repetidamente -   Y   -prosiguió-  ¿qué ocurrió después, San Miguel…?

-Dejé la camioneta a la puerta del Centro Cívico y me fui a casa. Mi mujer, seguramente, estaba intranquila…

Pareció dudar.

-Antes de irme, un tal Victorino, de Penedelo, llevó la camioneta al garaje del señor Iglesias, aunque creo que alguien le dio la orden de salir para Ponferrada, pero estaba estropeada. Seguía echando humo. Victorino, cuando volvió del garaje, viendo que yo insistía en regresar a mi casa me dijo que me atuviese a las consecuencias, si no encontraba la manera de arreglar el vehículo. Sí. Exactamente dijo. “Atente a las consecuencias que pueden sobrevenirte, Blas, si sigues insistiendo en irte a tu casa, sin mirar si la camioneta tiene arreglo”. Yo no le hice caso y me marché, sin participar en nada más. Ya ve, sargento, que fui obligado.

Miró al sargento que recorría lentamente, a pequeños pasos, el habitáculo, mientras  pasaba la mano por la barbilla,  perfectamente rasurada …

-Carracedo    -dijo Pérez Pineda tras reflexionar durante unos momentos-  ya sabe cómo debe concluir la diligencia ¿no?.

-Si, don Tomás. “No teniendo  -recitó-  nada más que añadir a lo declarado, se le lee al encausado el escrito.

-Bien. Exactamente es así, Carracedo.

Se volvió a Blas San Miguel

-¿Quiere usted firmar su declaración o prefiere que Carracedo lea lo que ha declarado?.

Blas San Miguel, levantó imperceptiblemente una mano…

-Si es posible, quisiera leerla antes.

Volvió a mirarlo de hito en hito el sargento Pérez Pineda durante unos instantes, después se dirigió al guardia civil que esperaba órdenes con los dedos sobre las teclas de la máquina.

-Dele el documento, Carracedo. Este San Miguel que no tiene nada de santo  -sonrió levemente-   desconfía de la Guardia Civil.

Nemesio Carracedo extrajo del rodillo de la máquina de escribir el documento; separó el papel carbón y la copia y entregó el original  a Blas San Miguel que lo leyó detenidamente, mientras Pérez Pineda lo observaba. Por último, tomó una pluma, la mojó en el tintero que estaba sobre la mesa y firmó con claridad. Después, a su vez, miró al sargenteo.

-Puede usted retirarse Blas, pero no olvide que no puede ausentarse del pueblo sin permiso.

Blas San Miguel no respondió. Salió de la habitación mientras Nemesio Carracedo  aguardaba órdenes, masajeándose los dedos.

-Abra una nueva carpeta  -dijo el sargento-  para el  expediente que estamos incoando.

-Sí, don Tomás

-Y haga pasar al siguiente individuo que hemos citado  -miró un papel que tenía sobre la mesa-   Juan González.

Salió el Guardia Civil y, momentos después, antes de regresar al despacho, aunque había dejado la puerta entreabierta, tocó ligeramente con los nudillos.

-¿ Da usted su permiso, don Tomás?  -dijo-  .

-Adelante.

Entró un hombre joven,  quizás en la treintena y con aspecto retraído.

Tomás Pérez Pineda volvió a sentarse ante la mesa. Colocó con parsimonia unos documentos, ante él, mientras Nemesio Carracedo preparaba   la máquina de escribir.

-¿Es usted Juan González Fernández,  -Preguntó el  Pérez Pineda mirando directamente a los ojos al hombre que estaba frente a él-   con domicilio en Villadepalos?.

-Sí, mi sargento   -respondió Juan con voz débil .

-Responda usted, sí, señor o no, señor. Yo soy sargento para los números de esta Casa Cuartel. Para usted, no soy sargento.

-Sí, señor.

Paseó la mirada sobre el hombre durante unos segundos,  que a Juan le parecieron eternos…

-¿Sabe usted cuál es el motivo por el que ha sido llamado a declarar…?.

-Pues… yo… en realidad…

Interrumpió el sargento.

-Ha sido llamado a declarar por su intervención en los hechos que motivan estas diligencias o sea, por lo ocurrido en Toral de los Vados el veinte de Julio pasado ¿comprendido…?

-Sí, señor  -dijo Juan González inclinando la cabeza sobre el pecho.

– Conteste con claridad a lo que se le pregunta y no olvide que cuanto diga será recogido en las diligencias que se instruyen.

-Sí, señor

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Capítulos anteriores

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE (I)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS II

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (III)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (IV)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (V)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (VI)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (VII)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (VIII)

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS IX

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS X

PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (XI)

SIMONETTA STEFANELLI

toni- cabalgamos

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No sé si alguno de mis lectores  -si es que hay lectores que lean estas deslavazadas memorias con el ambiguo título de MEMORIA DE TORAL y que pretenden, sin conseguirlo, ser mis propias memorias-  no sé, iba diciendo, si alguno de mis lectores recordará o les dirá algo el nombre de Simonetta Stefanelli.

Pues Simonetta Stefanelli es la actriz que interpretó el papel de Apolonia Vitelli en la película EL PADRINO (Iª parte) y era la siciliana de la que se enamoraba Al Pacino y con la que se casaba y que, finalmente, en una trágica escena, muere en la explosión de un coche.

¿La recuerdan?. Pues, si no la recuerdan yo les diría que volviesen a ver la trilogía de EL PADRINO de Francis Ford Coppola, que es una de las películas  -la primera y la segunda parte, sobre todo-   más importantes de la Historia del Cine. No perderán nada revisándola.

Simonettta Stefanelli, en 1974, rodó en Villafranca del Bierzo  -y, más concretamente cerca del castaño de Paradiña-  una película menor, EL MEJOR ALCALDE, EL REY, a las órdenes de Rafael Gil, un director importante en la historia de nuestro cine.

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Víctor, el de Lera

toni- cabalgamos

VICTOR

Un capítulo de estas MEMORIAS DE TORAL estaba dedicado, desde hace algún tiempo, como no podía ser de otra manera, a Víctor Méndez, -Víctor, el de Lera- amigo mío desde la infancia porque, a pesar dela diferencia en edad -él, setenta y nueve y yo algunos menos- éramos amigos. Asistimos juntos a la misma escuela: la de don Paco en El Ferradal

No sé por qué motivo yo ocupaba pupitre delante de él y como estos pupitres tenían doble asiento, yo convivía con Julián “Xeíto” y Víctor estaba ubicado detrás de mi. Vivía en su mundo, en un banco largo que atravesaba, de un lado al otro,, el local.

Víctor -iba diciendo- vivía en su mundo o, por mejor decir, vivía en el mundo de sus ideas o inventos, si se les victor lera hijo [Resolucion de Escritorio]pueden llamar así y así deben ser llamados.

Lo recuerdo manejando una especie de pinzas, muy pequeñas con las que arrancaba, como experto cirujano, las alas a las moscas que se aventuraban en sus dominios y uniéndolas con finos hilos a una caja de cerillas que lentamente iba siendo arrastrada, ante la expectación de todos nosotros, mientras don Paco, en aquellas tardes soñolientas, cabeceaba adormilado.

A veces, también, cazaba las moscas a mano y las hacía revivir -es un decir- cubriéndolas con ceniza caliente que procedía de algún cigarrillo.

Más tarde,la vida, como es natural, nos separó. A mi me ingresaron en el Seminario de Astorga y Víctor, entre otras cosas, montó una emisora de Radio en Toral, emisora cuya voz llegaba, por el Oeste a tierras gallegas , al Barco de Valdeorras y por el Este a Manzanal. (Al Sur, la voz de perdía en las montañas del Apostolado, la Cabrera, y al Norte, en las estriaciones asturianas).

Victor nos explicó, cuando Maruli Miranda y yo preparábamos nuestro primer libro sobre Toral que la imaginación, en aquella emisora, la ponía Carlos Pintado que escribía los guiones en la fábrica de Cementos “Bergidum”, en Victor lera radios [Resolucion de Escritorio]Parandones y que Jesús Digón, por ejemplo, estaba tan entusiasmado con la idea, que abandonó sus estudios y en lugar de irse los lunes a la Universidad se quedaba en el local de la emisora, alimentado a base de bocadillos de mortadela que le proporcionaban sus compañeros y dormía en el suelo envuelto en unas mantas de Val de San Lorenzo.

También nos recordó que don Mariano Remacha apoyó la emisora . Un día llegó a los estudios -llamémosles así- con un montón de discos bajo el brazo para que no faltase música, según dijo. “Cuando vimos los discos -cuenta Víctor- nos dimos cuenta de que eran, únicamente jotas aragonesas porque bien sabido era que don Mariano era un aficionado a la música de su tierra”.

Nos dijo que las casas comerciales del pueblo lo ayudaban con anuncios pagados y que un día apareció por allí Pepe, el de “América”, tu padre, y dijo que él también quería colaborar con nosotros, de alguna manera y que, a lo mejor un día, venía con el bandoneón a interpretar un tango, en directo, pero que, de momento, nos dejaba aquel paquete que traía en las manos. Al abrirlo, vimos, con sorpresa que eran calendarios de pared con el anuncio de “Casa América”. Naturalmente agradecimos su buena voluntad”.

Copia de toral co  victor lera varito [Resolucion de Escritorio]Volví a conectar con Víctor cuando jugaba al fútbol en la S.D.Toralense junto con “Tacones”, Varito, Lisín, “Calabazo”, Jesusito, el de doña Pura , Pepín “Maroto” o Sindo.

Yo no llegué a jugar con él, con Víctor, pero lo vi jugar de extremo. Corría la banda con su forma característica de correr, como si se tratase de un vaquero del Oeste acostumbrado a montar a caballo y de piernas arqueadas. Y lo admiré porque era un buen jugador. Quizá no llegó a destacar por aquella época porque La Mata era un prado que se anegaba en invierno y no se podía jugar al fútbol.

Vino, después, la época del cine: Víctor había montado una especie de cine ambulante y recorría los pueblos ofreciendo sesiones. Colocaba una sábana en una pared, aguardaba la llegada de los espectadores con sus sillas, cobraba la entrada y comenzaba el espectáculo.(Hay que decir que, por aquel entonces el cine estaba en auge y la televisión, que él trajo a Toral, apenas funcionaba)

Lo visitamos -decía- en su casa de El Lago y nos prestó fotos para alguno de los libros sobre Toral y le comenté, sinceramente, que , para mí, había sido algo más que un vecino del pueblo, había sido un innovador en un pueblo anquilosado y que, aunque le extrañase, creo que el pueblo tenía una deuda con Víctor Méndez que era merecedor , sino de una calle, sí, de una placa que recordase su nombre. Todavía no lo han hecho. Aún están a tiempo, aunque, como siempre, los recuerdos de este tipo llegan tarde.

Política

LA SONRISA DEL COCODRILO

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MIS PREMIOS LITERARIOS

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MEMORIA DE TORAL

MIS PREMIOS LITERARIOS

Imagen (8) [Resolucion de Escritorio]Con frecuencia pienso que esta MEMORIA DE TORAL se está convirtiendo en mis propias MEMORIAS, memorias que he comenzado a escribir varias veces, pero que, por pudor, nunca publicaré ya que, o cuento todo lo que he vivido y me enemisto con mucha gente o no cuento nada y, entonces, no serían MEMORIAS.

Naturalmente hay cosas que puedo contar. Por ejemplo, mis premios literarios a los que he llegado tras numerosas lecturas y más numerosos artículos en periódicos y que, mal contados,^ -los premios- llegan a la cincuentena.

Confieso que siendo muy pequeño ya escribía. Me veo en el mostrador del comercio -CASA AMERICA- pergeñando, en unos cuadernos que había, después de la guerra y que mi padre intentaba vender sin conseguirlo porque el papel era oscuro como si estuviese confeccionado con paja de centeno, a mi manera, la crítica de películas que veía en el TEATRO BENAMOR de don Rogelio Rodríguez y, la primera película de la que tengo memoria es EL HIJO DE ROBIN DE LOS BOSQUES, interpretada por CORNEL WILDE.

También recuerdo, mucho más adelante, los primeros versos que escribí, insuperablemente malos. Se trataba de pareados, versos que riman entre sí y decían:

Era un alegre castañarImagen (9) [Resolucion de Escritorio]Imagen (5) [Resolucion de Escritorio] Imagen (7) [Resolucion de Escritorio]

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