LAS PAELLAS DE FRANCISCA FERNANDEZ, LA “FARRUCA”

toni- cabalgamos

LA COCINA LITERARIA DE ANTONIO ESTEBAN

la farruca [Resolucion de Escritorio]Francisca Fernández, más conocida por la “Farruca” había nacido en Friera, una aldehuela a los pies del río Selmo en donde Paco Tagarro, cura, tenía casa parroquial. Pero, posiblemente, Paco no conociese a Francisca ni Francisca a Paco.

La “Farruca” o sea Francisca nació en mil ochocientos setenta y cuatro -siglo diecinueve- y trabajó, prácticamente, durante toda su vida en la Fonda Regueiro o, al menos, desde que la Fonda de Regueiro abrió sus puertas . Murió el veintitrés de Mayo de mil novecientos cincuenta y cuatro a los ochenta años de edad. A esa edad nada le impedía, aún, cocinar para Jefes de estación, Factores de Pequeña o de Gran Velocidad, viajantes de bisutería o canónigos de Astorga con zapatos de hebilla de plata en busca de vocaciones y que siempre fueron personas de abundante mesa.Antonio Cristalino-la farruca-Adelino-Jeronimo

Un canónigo, en cierta ocasión, me dijo, delante de un plato de albondiguillas en salsa, cocinadas por la “Farruca”. “Toñito, que el Señor me perdone -se santiguó- pero en esta bendita casa se come como Dios”.

“Farruca” es sinónimo de Francisca y el Diccionario Xerais da Lingua Galega -el gallego se habla en El Bierzo- dice que la palabra “farruca” significa valiente y, por proximidad, fuerte, de buena salud o persona de edad que se conserva muy bien. Y, en español -Diccionario del Estudiante- “persona insolente”. Puede, según el Diccionario, usarse también para nombrar un cante andaluz de aire melancólico, pero no es este, el caso.

Yo no sé si por este u otros motivos a Francisca se la conocía por el nombre de “Farruca”.

Francisca, en la Fonda de Regueiro, cocinaba, sobre todo, comidas caseras, pero, su especialidad era la paella, una paella distinta a la típica paella de mariscos. (También podía cocinar una merluza a la

gallega, patatas con carne, albóndigas en salsa, higos en almíbar o galletas de nata con almendras).

-Para hacer una paella -explicaba- se coloca, naturalmente,. la paellera al fuego de leña. Se echa aceite y se le quita el rancio con una miga de pan empapada en vinagre. Se pela una cabeza de ajo, se trocea y se pone a freír y, cuando estén dorados el ajo y el pan, se retiran y se fríe un pollo troceado. Una vez frito, se saca del aceite y freímos una anguila, también troceada y, mientras tanto, en un recipiente distinto habremos cocido habas, alcachofas y caracoles, estos, previamente limpios. Cuando termine la cocción, se mezcla el agua con el aceite y en el caldo resultante, sazonado con sal y azafrán, se cuece el pollo. Cuando comience a estar en su punto, añadiremos el resto de los ingredientes, a excepción de la anguila, echando arroz, en la misma proporción, pero, siempre, en la medida de una tacita por dos de agua. Avivamos el fuego y procuramos que el guiso cueza a borbotones. A medio cocinar el arroz, se le añade la anguila y un poco antes de llegar a su punto, se retira del fuego, se coloca la paellera sobre el rescoldo y dejamos que el arroz termine de hacerse.

La “Farruca” era experta en muchos otros platos -queda dicho- pero, quizás el que más fama le ha dado y por el que se la recuerda , es por la paella.

Anuncios

UNA EXPLOSION INCONTROLADA

toni- cabalgamos

MEMORIA DE TORAL

Imagen (16)

Yo, a José Luis García, -“Piruli”- hijo de José y de Mercedes y hermano de Maite, no lo veía desde los años sesenta del pasado siglo. Nos encontramos en Junio de 1976, hace cuarenta y un años, por casualidad.

“Piruli” había hecho oposiciones para ingresar en un Banco -BBVA- cuando el BBVA era, sencillamente, Banco de Bilbao y, merced a sus esfuerzos -a los de “Piruli”- y a su sabiduría contable, llegó a dirigir la sucursal de Monforte de Lemos, a orillas de Cabe, aunque, en aquel momento, eso lo ignoraba.

Vayamos a mis recuerdos: en las primeras elecciones democráticas, después de una larga noche de piedra como escribiera un poeta, yo ejercí como Jefe de Prensa de la extinguida UCD en aquellas elecciones y llegué a la villa del Cabe que es el río que baña a Monforte, en donde se celebraría el último -o uno de los último- mitin de la campaña y como era natural y lógico y obligado, después del mitin, se obsequiaba a las autoridades de la población y personas de una cierta relevancia social, con un ligero refrigerio en un establecimiento importante y en este caso fue en el Hotel El Castillo.

Cada uno de los presentes hicimos grupo con gentes afines que habían acudido al ágape y bien sabido es que, a estos eventos, suele acudir gente que no acudió a escuchar los aburridos discursos de los políticos de turno.

Yo me acoplé -uso la palabra acoplar porque no encuentro otra más oportuna- a un pequeño grupo -tres o cuatro personas- que departían amigablemente. Muy pronto, de aquellos contertulios se retiraron varios y me encontré, mano a mano con un hombre culto, más o menos de mi edad, muy rubio, casi albino que degustaba placenteramente un vaso de Ribeiro.

Noes usted gallego ¿verdad?. O, por lo menos el acento no es gallego -dije-

-No -respondió- y usted tampoco ¿no es así…?.

-Exacto. No lo soy. Soy de la provincia de León.

-¡Qué casualidad—¡ También yo soy de León, pero llevo en Galicia muchos años. Aquí me casé y aquí vivo.

-Y ¿de qué parte de León es …? -pregunté.

-Berciano. Soy berciano. De un pueblo cercano a Ponferrada que usted tal vez no conozca o no haya oído hablar de él..

-Siguen las casualidades -dije- También yo soy de un pueblo cercano a Ponferrada: Toral de los Vados.

-¡Joer…¡ -interrumpió- ¡Si yo soy de Toral…¡

-Y ¿qué hacemos aquí tratándonos de usted…? -dije yo, por decir algo- Y -rápidamae te- ¿de quién eres hijo…?.

-Mi padre pertenecía a la Renfe. Había perdido una pierna al enganchar unos vagones y le dieron, para compensarle, la cantina de la Estación.–Entonces…¡Tú eres “Piruli…”¡ -dije- -.

Me miró fijamente.

-Y ¿tú, ¿quién eres…?.

-¡Me cago en la leche, Jose…¡ -le dije- pero ¿no me conoces?. Soy Toñito, el de América.

No dijimos nada más. Nos abrazamos como dos viejos amigos que éramos o que seguíamos siendo y seguimos dialogando y recordando aquellos hermosos días azules de nuestra infancia cuando jugábamos en la Plaza de la Estación en las plácidas noches del verano a “Patada al bote” o “Tres navíos en el mar” o en la galería acristalada de mi casa en donde reproducíamos las batallas en las que había intervenido su abuelo, en Cuba, y, faltos de pan, comíamos galletas, como hicieron los españolitos en el noventa y noche en su lucha contra los mambises cubanos.

El Ouiosco de Emiia (4)Disparábamos con fusiles de madera, que escamoteábamos a mi padre, en el comercio de juguetería o imitábamos la velocidad de un coche, tomando como volante, una rueda, anclada a una mesa y que servía para mover una devanadora que usaba mi madre para devanar -valga la redundancia- los hilos de lana de una madeja y así imitábamos a Jack, Bill y Sam, tres policías federales del FBI cuyas aventuras, editadas por “Rollan” leíamos, semana tras semana, compradas en el kiosko de la Rolinda.

El Ouiosco de Emiia (7)

Y, hablando de estas aventuras llegamos a otra anécdota en la que habíamos participado juntos…

-¿Recuerdas -me dijo- aquella vez que encendí una cerilla en los servicios o váteres de la estación?.

-Claro que me acuerdo. Yo estaba recogiendo hojas del moral que aún existe, para los gusanos de seda. Tú, mientras tanto, porque no tenías gusanos de seda, te dedicabas a olfatear el zotal con el que limpiaban los servicios y que era un olor que aún conservo en mi pituitaria

-Pues aquel día -dijo- yo quería saber por qué olía tan mal o tan bien, para nosotros, los inodoros ya que el zotal era un olor intenso que se metía en la nariz y cogí una caja de cerillas de la cocina de mi madre y me acerqué a los servicios… Encendí la cerilla y la asomé al agujero y entonces, jajajajaja, ocurrió la explosión total y rotunda y toda la mierda llegó hasta mi cara. Fue algo tremendo, además del susto que me dejó sucio de los pies a la cabeza. Los primeros que me vieron fueron Mella ¿te acuerdas de Mella?, aquel mozo de Estación gordo que andaba como balanceándose y Marcos, el hijo de Manuela, la frutera que me dijo: Te pasó eso por meter las narices en donde no tenías que meterlas. ¿No sabías que la mierda acumulada produce gases que al arrimar una cerilla explotan?. Pues eso es lo que te pasó.

PalancoLa explosión había sido fuerte, tan fuerte que salieron a la calle muchas personas: Llanes, con su pipa, los huéspedes de Casa Regueiro, los factores, el Jefe de la estación, los guadalhorces o vigilantes de la Estación como Palanco que siempre iba con su tercerola al hombro e, incluso dos guardias civiles que se encontraban de servicio. Todos se acercaron para ver qué había pasado. Algunos creyeron que la explosión había sido debida a una bomba , colocada en la estación por los huidos o sea, los escapados, pero lo peor del caso fueron los zapatillazos que mi madre me dio antes de cambiarme de ropa.

-Sí -dije- Ya sé a qué sabían las zapatillas de una madre. Eran muy hábiles golpeando en donde más dolía. Dejaban el trasero calentito.

Seguimos hablando durante mucho rato y desde aquel día “Piruli” y yo nos llamábamos por teléfono con frecuencia y recordábamos tiempos pasados.

Me enteré, años después, que había tenido problemas en el banco con un crédito no cobrado y que tuvo que buscarse un nuevo trabajo en La Coruña aunque, finalmente, regresó a Monforte de Lemos de donde era su mujer.

Se había quedado sordo y teníamos dificultades para hablarnos y yo le mandé el primer tomo de la Historia de Toral en la que aparece él besándose con Maruli.

Un amigo de Monforte -Germán López Quiroga- me dijo que había fallecido. No lo puedo asegurar porque Germán tampoco lo aseguraba ,pero, a buen seguro, si fue cierto, que allá en donde esté seguirá contando a sus nuevos amigos la historia de una explosión incontrolada en la Estación de Toral de los vados en donde su padre regentaba la cantina.

BALBINO Y LOS NABOS RELLENOS

toni- cabalgamos

LA COCINA LITERARIA DE ANTONIO ESTEBAN

En Julio del año dos mil ocho, Maruli Miranda y yo presentamos en Toral, el segundo tomo de la trilogía sobre nuestro pueblo: MEMORIA PERDIDA DE UN TIEMPOO OLVIDADO y, en este libro, hay un capítulo -dividido en dos partes- dedicado a la gastronomía, relacionada con Toral.

En una de esas dos partes hablamos de Balbino y, en la otra, de “·La Farruca”, cocinera que ejerció en la Fonda de Regueiro.

Balbino -escribía yo- era hijo del tío Joaquín -en Toral le llamaban Juaquín- y de la tía María y hermano de Santos -ya fallecido- y de José.”

“Balbino y yo éramos amigos. Jugábamos en el Bar Avenida, a la subasta o al tute cabrón y, un buen día, hablamos de emigrar, juntos, a Francia en donde nos aguardaban Sidro “Zarapillas”, Eliseo “Tranca” y Santiago Carrión que estaba muy bien situado en Niza en una empresa llamada “Tonnelli” y que fue -Santiago- una especie de padre para todos.”.

Lee el resto de esta entrada »

LA RADIO ( III )

toni- cabalgamos

MEMORIA DE TORAL

Imagen (2) [Resolucion de Escritorio]

LA RADIO ( III )

Un anuncio machacón, pero muy escuchado, era el de las tabletas OKAL o aspirinas y que decía: “La tableta OKAL / es hoy el remedio más sencillo. / Yo a ninguna parte voy/ sin llevarla en el bolsillo / y cuando emprendo un viaje / por lo que pueda pasar / al hacer el equipaje / pongo un sobrecito OKAL / OKAL, OKAL es lenitivo del dolor / OKAL, OKAL es un producto superior / Yo que siempre alegre he sido, / vi perdida mi alegría / amargado y dolorido / la jaqueca me tenía. / Desde que OKAL he tomado / vuelvo a ser hombre jovial, / mi jaqueca se ha calmado / ¡ Viva la tableta OKAL /. Si me aqueja un mal catarro / cuando llega el mes de Enero / el remedio nunca marro / ni me asusto ni me altero / Lo combato a maravilla / con un arma tan sencilla / como la tableta OKAL”.

Lee el resto de esta entrada »

LA RADIO (II)

toni- cabalgamos

MEMORIA DE TORAL

Imagen (50)

LA RADIO (II)

Uno de los momentos más agradables, al menos para mí, al finalizar la semana -así nació, creo, mi afición a la Radio, para la cual, años después, escribiría varios programas LUGO, DE LA “A” A LA “Z” o LUGO, PUNTO Y SEGUIDO o HISTORIA Y ORIGENES DEL FUTBOL era escuchar alguna emisora, mientras mi madre, mi tía Carmen y Milagros Pereira, preparaban alguna de las “rebecas” que habían tejido, a máquina. Dentro de la programación, me encantaban los anuncios, por su música pegadiza y, sobre todo, por su letra, casi siempre en verso.

Lee el resto de esta entrada »

LA RADIO (I)

toni- cabalgamos

MEMORIA DE TORAL

Hace algunos años, el símbolo de un buen vivir, era tener coche. Hoy es ser propietario de un chalé en la playa un piso en la ciudad o viajar a las Maldivas y a Punta Cana.

dibujo REIAntes de ayer -o como decía un célebre periodista: antier- era tener Radio, porque después de la guerra y antes del invento de la Televisión, la radio era un icono importante en una casa y en torno a ella y a sus programas se aglutinaba la familia.

Lee el resto de esta entrada »

XIX PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS

XIX PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS

toni- cabalgamos

Imagen (30) (1)Imagen (29)Imagen (31) (1)

Antonio del Valle, como decía la indagatoria del juzgado de Ponferrada, tenía cuarenta y cuatro años de edad, había nacido en Dragonte y era hijo de Primo y de María, ya difuntos y, a efectos del párrafo final del artículo 460 del Código de Justicia Militar vigente, su estatura era regular, tenía los ojos claros, las cejas negras y el pelo castaño; el color del cutis, moreno; la nariz puntiaguda y la boca regular.

Aquella tarde de Octubre estaba sentado frente a su esposa Carmen en el cuarto de estar de su casa en la que lucían muebles de mimbre trenzado, mientras su cuñado, -y primo- Pepe revisaba facturas y albaranes del último pedido que habían recibido de Barcelona, antes de los sucesos de Julio.

Lee el resto de esta entrada »